La ‘dientificación’ de la Odontología

Manuel Ribera Uribe
MANUEL RIBERA URIBE PROFESOR DE GERODONTOLOGÍA Y PACIENTES ESPECIALES UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE CATALUNYA

Desde principios del siglo XX en que la odontología inició su andadura en España como título universitario de la mano de la Regente María Cristina de Habsburgo, la intensa relación legal, profesional y docente entre medicina y odontología fue creciendo, con altibajos, hasta que en 1944 la odontología se transformó, de facto, en una especialidad de la medicina con el nombre de Estomatología.

El inicio de las negociaciones para el ingreso de España en la CEE supuso que a partir de 1987 se empezara a formar a los odontólogos en una actividad profesional a claramente diferenciada de la medicina. Hoy por hoy, medicina y odontología son dos titulaciones académicas con un denominador común que es la salud del paciente.

Es posible que la evolución tecnológica, la mercantilización inevitable de una profesión como la nuestra, básicamente dependiente de la inciativa privada, y otros factores añadidos hayan ido propiciando que, con el aval de la legislación vigente, aquellos dentistas de hace años, médicos antes que odontólogos, hayan derivado en los actuales profesionales, con una extraordinaria formación dental pero con muchas inseguridades en su formación médica. Que nuestros graduados cursan asignaturas de patología médica y de farmacología aplicada es un hecho, pero que la formación graduada y posgraduada se centra sobre todo en el diente y en la encía mayoritariamente, también es un hecho.

En mi opinión, un importante porcentaje del estrés que genera, por ejemplo una exodoncia o una endodoncia, en los odontólogos noveles se debe, en muchos de los casos, más a los antecedentes médicos o farmacológicos y a las patologías sistémicas que a la propia técnica que requiere el procedimiento. Una Odontología como parte integrada de la salud global de nuestros pacientes exige, sin complejos, una sólida formación real que aleje del odontólogo la inseguridad de tratar con poli medicados o con enfermedades generales. También una decidida visión por parte nuestra de que la Medicina, aún sin ser médicos, es una parte importantísima de nuestra actividad cotidiana. Seguramente muchos quisiéramos ver una mayor interrelación medicina–odontología y no quisiéramos, como decía Cortázar, tener que cerrar los ojos para ver lo que queremos.

“La Medicina, aún sin ser médicos, es una parte importantísima de nuestra actividad como odontólogos”

Hemos asistido, creo yo, a una excesiva identificación de la odontología en detrimento de una mayor identificación con la medicina en su sentido más amplio. La historia de la profesión da fe de que ambas han ido siempre juntas o en paralelo. Hoy en día cuando la anamnesis y la historia clínica no se pagan, las primeras visitas tampoco y el diagnóstico y el plan de tratamiento han perdido protagonismo en beneficio del presupuesto, echamos de menos la relación que médico y dentista entablaban durante la anamnesis y la recogida de datos de la historia. Nos tendremos que acostumbrar, quizá, a que es la acción lo que predomina, pero no podemos renunciar a que la imperiosa necesidad de hacer tratamientos no esté avalada por la mochila de conocimientos médicos y farmacológicos que los dentistas necesitamos para afrontar nuestro trabajo, sin renunciar a la tecnología, y desde una visión más holística. En definitiva somos dentistas no dientistas. Ojalá todos, incluidas franquicias y mutuas viéramos, con los ojos muy abiertos lo que queremos ver aunque, francamente, tengo mis dudas sobre si todos queremos ver lo que acabo
de explicar. ●

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, escribe un comentario
Por favor, escribe tu nombre