Cambiar el chip

F. Javier Cortés Martinicorena Estomatólogo. Doctor en Medicina y Cirugía

Parece que esta pandemia está entrando en una nueva fase y se cumplen las predicciones de los virólogos que señalan
que, normalmente, en las mutaciones sucesivas predominan por efecto de la selección natural los virus que tienen más contagiosidad y menor patogenicidad. Hay que cambiar el chip. El virus ha ganado la partida y se va a quedar entre nosotros. Será probablemente una infección respiratoria más que se sumará a los coronavirus más frecuentes causantes del catarro común.

No es que la pandemia esté superada –algunos dicen que esta sexta ola es el principio del fin- si no que estamos ante un nuevo escenario. Se hace necesario abandonar la mentalidad impuesta por las circunstancias al inicio de esta crisis porque ahora las condiciones son totalmente diferentes. Llegaremos a un equilibrio entre este virus y nosotros. La ciencia, una vez más, será la determinante para producir este acomodo.

Por primera vez desde que todo esto comenzara a comienzos del año 2020, las tasas de incidencia por grupos de edad se han cruzado. Al principio, la mayor incidencia se dio entre las personas mayores mientas que ahora se ha trasladado a las edades infantiles y juveniles, particularmente por debajo de los 12 años.

Parece como si el virus tuviera cada vez menos recorrido. Las infecciones son más leves y, además, se testea un número mucho mayor de infecciones que de casos de enfermedad respiratoria aguda. Por otro lado, una vez que la población adulta ha adquirido cierta inmunidad, ya sea por infección o re-infección o por inmunidad vacunal, el virus ataca en mayor medida a los más jóvenes y en ellos la infección es considerablemente más leve.

Prevalecen ahora los casos asintomáticos o con sintomatología leve. Según datos del Instituto Carlos III la mitad de las infecciones declaradas son asintomáticas y los índices de hospitalización son menores que en oleadas anteriores. Y ello a pesar de que, según un estudio llevado a cabo en Suiza, las infecciones declaradas suponen solo el 42% de las reales.
Actualmente, diferentes países y regiones comienzan a cambiar sus estrategias. Algunos empiezan a rebajar las restricciones cuando no a eliminarlas en parte, incluido el uso de la mascarilla en espacios interiores, como es el caso de Dinamarca. El nuevo escenario no debe llevar a banalizar la situación porque el número de muertes por o con Covid 19 es todavía alto y la amenaza al sistema de salud persiste. En opinión de este lego en virología pero aficionado a la salud pública, este nuevo escenario nos tiene que obligar a cambiar de actitud. No podemos seguir viviendo en una escafandra ni manteniendo nuestras relaciones sociales a distancia, como empujando al otro hacia atrás para que no se nos acerque demasiado. No nos podemos permitir seguir haciendo nuestro trabajo bajo mínimos porque haya que
cuidarse del contagio: el contagio se producirá ante o después.

No nos podemos permitir que todo el sistema se tambalee por más tiempo. Debemos quitarnos el estigma de ser un transmisor potencial porque todos podemos contagiar o podemos ser contagiados en cualquier momento; es que es lo que va a ocurrir. Es necesario liberarse de esa carga de culpa. También va en ello nuestra salud, la física y la mental. Y la económica, que es la madre de todas las batallas.

Todos debemos cambiar de actitud. Empezando por los políticos y los medios de comunicación. En sus primeras oleadas estaba justificado abrir los informativos y la prensa escrita con los datos de la pandemia: contagios, UCI, muertes… Ahora estamos saturados de tanta información. Algunas voces se alzan reclamando que esto debe cambiar. Hace unas semanas lo argumentaba sólidamente el editorial de la revista AMF, órgano de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (https://amf-semfyc.com/web/article/3063). También Juan Simó, médico de Atención Primaria, resumiendo su posición en “Dejar de hacer para poder hacer” (https://saludineroap.blogspot.com/2021/12/hay-que-parar-esto-dejar-de-hacer-para.html).

Estos escritos resumen la opinión que muchos podemos tener pero no acertamos a comunicar. Por lo que afecta a nuestra profesión, algo sí ha cambiado y se debe quedar: las medidas de protección frente a los aerosoles. Esto se debe convertir en una nueva rutina en la odontología. Nota aclaratoria. Las últimas decisiones sanitarias parecen
confirmar ese cambio de escenario al que aludía en mi escrito –terminado el 21 de enero de 2022-. La IA a 14 días
era entonces de 3.418/100.000 hab., hoy, 18 de febrero, es de 984; el porcentaje de camas hospitalarias ocupadas
por o con Covid ha pasado en las mismas fechas del 15% al 8%. La tendencia se consolida. La realidad ha sobrepasado
con creces a la opinión.

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