¿Qué vamos a hacer con los “muertos”?

Publicado en Dental Tribune Latinoamérica en June 04, 2021  

David Suarez Quintanilla.

No, no me estoy refiriendo, afortunadamente, al coronavirus, sino a unos «muertos» más metafóricos, los que, por lo demás, gozan de buena salud: los derivados de los miles de tratamientos incorrectos que se están realizando con alineadores. «Muertos» cuya ausencia de signos vitales incluyen: el estancamiento del tratamiento, el progresivo desajuste de los alineadores, mordida abiertas posteriores con graves alteraciones de la oclusión funcional y de la ATM, recesiones gingivales, dehiscencias óseas o protrusión antiestética incisal.

Que nadie se llame a engaño: no escribo este nuevo artículo contra los alineadores, muy al contrario, afirmo con rotundidad que son la alternativa terapéutica con más futuro en la ortodoncia. La mejora de la inteligencia artificial para su planificación, de los polímeros , en el futuro biopolímeros, para su fabricación y la memoria de forma, similar a la de las actuales aleaciones de níquel-titanio, van a mejorar exponencialmente su eficiencia. Trabajo a tres niveles con la compañía Alineadent: como investigador de nuevas opciones terapéuticas y nuevos materiales capaces de superar los actuales problemas de los microplásticos como disruptores metabólicos, como clínico de a pie y como director de su academia europea; por tanto no soy nada sospechoso de ir en contra de esta nueva y espectacular arma terapéutica. Muy al contrario.

Pero tengo que añadir a renglón seguido que estoy muy preocupado por los pacientes, porque sea con alineadores, disyuntores, microimplantes o las últimas y sofisticadas aleaciones de arcos, la ortodoncia sigue siendo difícil y compleja, si bien la tecnología está simplificando el manejo clínico de los aparatos (como cuando la adhesión directa de brackets sustituyó al engorroso cementado de bandas o los alambres superelásticos a los múltiples resortes de mi juventud profesional arcocantista). El diagnóstico y el plan de tratamiento son la clave, y por eso me paga el paciente; los aparatos, como dice nuestro querido maestro Antonio Facal, los regalo.

“El diagnóstico y el plan de tratamiento son la clave, y por eso me paga el paciente; los aparatos, como dice nuestro querido maestro Antonio Facal, los regalo.”

El presidente de la SEDO, mi compañero Juan Carlos Pérez, en un alarde de defensa de la especialidad que le honra, me acaba de informar de su protesta al constatar que otras sociedades, como la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA), estén organizado cursos de alineadores para sus socios, subvencionados e impartidos por conocidas empresas del sector, especialistas en acuchillar por la espalda a los especialistas; llueve sobre mojado (ver mis artículos en Dental Tribune sobre el tema).

La deslealtad de la SEPA no me extraña, siempre ha sido su estilo la invasión de los terrenos más rentables de la profesión (incluida todo tipo de promoción de chicles, cepillos o colutorios) y sacar tajada de investigaciones cogidas por los pelos (todo se relaciona con la enfermedad periodontal: sea el parto prematuro, el infarto de miocardio, el Alzheimer o la muerte del Fary*, aunque me temo que algo tendrá que ver, que digo yo, que sea la enfermedad periodontal, con la caries, las enfermedades más prevalentes del mundo). ¡Atención ciudadanos!: si no te tratas tu inflamación gingival, si no vas al periodoncista exclusivo, tu vida corre un serio peligro: puedes nacer antes de tiempo (si tu madre se cepilla poco los dientes), morirte de un infarto, de covid-19 o acabar tu vida en el anonimato nebuloso del Alzheimer.

Siempre me ha llamado la atención cómo una sociedad que teóricamente ha sido creada para mantener, es decir conservar, los dientes afectos de enfermedad periodontal, sus máximos dirigentes vivan de quitar dientes para poner implantes. Es como si los dermatólogos expertos en alopecia vivieran de depilar la cabeza para colocar implantes artificiales o peluquines. Hay que reconocerle a los periodoncistas el vender estufas en el desierto, mientras los ortodoncistas tenemos la ventaja de hacerlo en el polo norte (cualquier paciente ve los evidentes resultados de nuestros tratamientos de ortodoncia y queda contento del dinero invertido; en periodoncia hay que tener mucho marketing para vender los resultados y convencer al paciente de su inversión por unos milímetros de encía, o la resignación de perder los dientes, tras años de raspado y alisado por sus avezadas higienistas, para poner implantes). La decisión de la SEPA no solo habla de la soberbia de algunos sino del desprecio hacia una especialidad de la que ni saben, ni entienden, ni comprenden.

Este breve artículo es de prevención, es una llamada de atención cariñosa, hacia todos los que sin formación ni mínimo conocimiento, se están embarcado en una nave teledirigida, por un inexperto capitán, sin rumbo fijo ni conocido. En ningún caso pretendo poner puertas al campo, ni estoy haciendo una defensa numantina y excluyente de la práctica de la ortodoncia (he dado y doy cursos a todos los niveles de la profesión, desde higienistas dentales hasta superespecialistas).

Quiero ser claro: la ortodoncia es rentable y da relativamente pocos problemas cuando el profesional tiene una adecuada formación acorde con la dificultad del caso a tratar. Cuando el profesional sin formación fía su destino y prestigio a un software y un planificador de dudosa formación clínica (el ordenador, antes el papel, lo aguanta todo), está hipotecando el prestigio de su consulta y su rentabilidad (¡por Dios, hagan números!). No estoy diciendo que los no especialistas no hagan ortodoncia, sino que cada uno la haga en función de sus conocimientos y experiencia. Los alineadores, que defiendo y me encantan, crean un espejismo de conocimiento a la atrevida ignorancia de muchos profesionales; son los “plaqueros” de illo tempore en versión corregida, aumentada y más cara, que yo tuve que padecer al inicio de mi actividad profesional.

Entiendo y animo a los no ortodoncistas a mejorar la calidad de sus tratamientos con la moderada expansión de los arcos, el alineamiento incisivo o una sencilla ortodoncia plástica preprotésica, incluso el tratamiento de las otrora complejas mordidas abiertas se ha simplificado con esa sinérgica terapéutica de alineadores, microimplantes y elásticos, de esto no hay duda.

De lo que estoy hablando, es de prevenir esa bola de nieve que va creciendo y que montaña abajo se va a hacer imparable, de miles de casos complejos a medio terminar. Empezar un tratamiento de ortodoncia y conseguir una cierta mejoría inicial lo hace cualquiera, pongas lo que pongas y uses lo que uses; el problema es acabar y evitar que aparezcan movimientos dentarios no deseados y difíciles de solucionar (mordidas abiertas o anoclusiones iatrogénicas, por no hablar de recesiones o problemas de ATM). No se pueden rebajar las expectativas terapéuticas, y al mismo precio que un buen tratamiento, en base a la mala formación y falta de experiencia del profesional o las limitaciones del planificador. Los ortodoncistas queremos pacientes vírgenes, no pacientes violados o toros toreados por otros profesionales; pacientes que vengan a nuestra clínica con ese candor que da la confianza en nuestra formación, reputación y experiencia, pacientes que no hayan gastado ya su tiempo y varios meses de su sueldo en un tratamiento previo fracasado; esos son pacientes quemados que debemos de retratar con un grado supino de desconfianza hacia todo lo que huela a ortodoncia. La bola de nieve se va a convertir en alud y a los que primero nos va a llevar por delante es a los que de verdad amamos nuestra especialidad.

Quiero, en definitiva, que este artículo sirva para algo, para que lo lea alguno de los jueces y fiscales que han de juzgar en el futuro a los cientos de profesionales que creen que nuestra querida especialidad, de tres años de duración y dedicación intensa y completa, no es más que un divertimento, un pasatiempo, que ellos, con una clarividencia propia de los virtuosos superdotados, sintetizan y resumen en mandar unos incompletos e infumables registros, para conseguir una ristra de plásticos que solucionen cualquier maloclusión de sus sufridos pacientes.

Si no sabes nada de ortodoncia, tampoco puedes diferenciar un caso fácil de uno complejo. El peaje que el prestigio profesional de muchos va a pagar va a ser enorme, sino al tiempo. Yo desde aquí animo a los profesionales a formarse, a que cuando el fiscal le pregunte por su formación y experiencia en ortodoncia, puedan responder con argumentos, con seguridad y dignidad. En caso contrario, a mí me encontrarán, junto a la SEDO y la AESOR, en el banco de la fiscalía.

* Cantante y actor español.

El Profesor y Doctor David Suárez Quintanilla es Catedrático de Ortodoncia, Director del Máster de Ortodoncia y Ortopedia Dentofacial de la Universidad de Santiago de Compostela (España), expresidente de la European Orthodontic Society, vicepresidente de Ortodoncia de la International Association for Dental Research y autor del libro digital “Prácticas clínicas de Ortodoncia”. Visite su página web en: dsqtraining.com

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