“LOS MANGUTAS”

    El arte de aprobar por los servicios prestados

    Dr. F. Manuel Nieto Bayón.
    Médico-Estomatólogo Académico de Número de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Valladolid. Socio Numerario de la Asociación Española de Médicos, Escritores y Artistas.

    Vamos a exponer un recuerdo de aquellas personas que ejercieron como tales en fechas lejanas, en el pasado siglo, y de los que aún pueden quedar reminiscencias en la actualidad, aunque de forma mucho menos habitual y frecuente, y de manera muy puntual.

    Siempre me asombró quien en pocas páginas es capaz de dar vida a un personaje tan bien definido. La peculiaridad de la palabra “personaje”, resulta de tener una característica inusual que distingue su personalidad de los demás, es lo que ocurre con el ínclito Manguta, un estereotipo de individuo,  que destaca o sobresale en una determinada actividad o ambiente, un sujeto peculiar, curioso y singular donde los haya. 

    Sirvan estas líneas nunca de menoscabo o desprecio y jamás de crítica, pues sería todo lo opuesto y contrario a lo que mis sentimientos quieren expresar y si valgan de recordatorio, reconocimiento y  como pequeño homenaje a aquellos  Mangutas, personajes entrañables, todos ellos compañeros que fueron algún momento, y que ejercieron como tales en los pretéritos tiempos durante los cuales un servidor fue estudiante en la Facultad de Medicina de Valladolid, la más antigua de España, y en la Escuela de Estomatología de Madrid, entonces única en nuestro estado español.

    Realmente existe un gran número de médicos, debido a su perfil humanístico, que en sus momentos de reflexión o descanso sienten la necesidad de expresarse a través de la palabra escrita; esto suele suceder  ante un estímulo externo o interno memorístico como pudiera ser un recuerdo, ante el cual se desencadena el acto reflejo de la escritura.

    El diccionario de la lengua española actual señala la voz de Manguta, como sinónimo de hurtar, del que se apropia de lo ajeno. Procede de mangui y este de mangar, es de la misma familia que manguear o tirar la manga, es decir, pedir, mendigar.

    Así de obvio es el caso que nos ocupa, tal cual es apropiarse de algo inmaterial, de algo que no le pertenece en base a su saber y a sus conocimientos de la asignatura, y que en verdadera justicia no lo merece, como es  la superación de la disciplina con una calificación de suficiencia.

    De acuerdo al BOE de 1965 en la Universidad, el personal de un Departamento en forma resumida se caracterizaba por estar integrado de esta manera: El Catedrático o Catedráticos, en este último caso con un Director, Profesores agregados, Profesores adjuntos, Profesores ayudantes de clases prácticas y el personal auxiliar y subalterno necesario para diversas actividades

    El Catedrático y su Manguta

     Pues bien, jerárquicamente, el Manguta ocupaba el último escalafón en la estructura de una Cátedra, pero no por ello su colaboración dejaba de ser necesaria y tantas veces imprescindible.

    Entre las características comunes de su perfil y que les podrían definir diremos que eran disciplinados y bien mandados, acatando cualquier orden siempre que viniera de un superior, mostrándose sumisos e indulgentes ante aquellos, y mordaces, inflexibles o intransigentes en ocasiones, ante advenedizos compañeros recién llegados.

    En el medio universitario eran muy conocidos y solicitados, generalmente amables y de saludo fácil, lo que no dejaba de alimentar su ego. Solían ser estudiantes mediocres o repetidores salvo raras excepciones, que regularmente acumulaban gran número de faltas a clase, pero por el contrario se dejaban ver frecuentemente solícitos  deambulando y pululando por pasillos, laboratorios o salas de prácticas; actuando siempre de meritorios a través de sus trabajos serviciales. Hoy en día bien les podría denominar o decir, que eran “aprovechateguis”.

    Dentro de la personalidad conspicua del Manguta, existían varios tipos, partiendo de una base común en todos ellos, como es el de ser serviles o sirvientes cordiales, ya que  principalmente tienen un interés o una necesidad por encima del trato con los demás.

    Como decía Isaac Newton, solían tener tacto, que es “el arte de dejar ver algo sin hacer un enemigo”.

    Su carácter podía oscilar y contrastar entre el intrigante, manipulador y sabedor, creyéndose profesor, y el cercano, inocente y colaborador con el neófito alumno-compañero, pero sin lugar a dudas, dejando siempre la impronta personal de que él era el conocedor de todos los entresijos, circunstancias, virtudes o inconvenientes que podía entrañar y caracterizar a dicha disciplina. De igual manera, poniéndote ejemplos de evidencias, intentaban demostrar su supremacía, justificando consecuentemente que acercándote a él hacía menos frío y de esta forma incluirte en su ámbito y  círculo de confianza, aumentando así su vasallaje como sinónimo de poder. Una vez captado para su causa, se situaban en un irrenunciable escalafón superior al que tú nunca podrías tener acceso.

    Anecdóticamente contaré aquello del Manguta que no lo era. Estando ya en el último curso de la licenciatura y con algún problema en la entrega de fichas de una asignatura, varios compañeros abordamos a una persona desconocida, con aspecto quizás mas bien desaliñado, bata blanca desabotonada, relativamente joven, haciéndonosimaginar que era el Manguta de turno, por lo cual, nos dirigimos a él de forma cercana,  más bien de compadreo, tal vez pudiéramos decir desconsiderada, hartos de la dificultad que estábamos teniendo con la entrega de las dichosas fichas; y cual sería nuestra sorpresa, cuando en el primer día de clase pudimos comprobar que no  se trataba del Manguta de turno quepensábamos, sino del profesor Catedrático de la asignatura.

    A todos aquellos que fueron y se sintieron Mangutas, vaya desde aquí mi agradecimiento, reconocimiento y consideración, pues nadie sabemos las circunstancias e imponderables que les impulsaron y condicionaron llevándoles a esta situación, y a ejercer como tan peculiares personajes.

    F. Manuel Nieto Bayón

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