El cuento de “hágame un descuentico”

Enrique Jadad Bechara
Especialista en Rehabilitación Oral e investigador
Fundador del Grupo Dignificar la Odontología.

«Este artículo fue publicado en Dental Tribune Latin America»

El conocido rehabilitador oral colombiano Enrique Jadad afirma que debemos prepararnos para llevar una vejez digna, y que la mejor manera de contar con una pensión de retiro personal es no regalar los servicios odontológicos ni hacer descuentos. El Dr. Jadad es Especialista en Rehabilitación Oral, investigador y conferencista con práctica privada en Barranquilla (Colombia). Fundador del Grupo Dignificar la Odontología. Contacto: ejadad@gmail.com

DIGNIFICANDO LA ODONTOLOGÍA

Los tiempos han cambiado, las técnicas han sido modificadas, las prioridades tanto de los odontólogos como de los pacientes son otras, lo que sí debe mantenerse intacto, incólume y sin variaciones, deben ser los parámetros biológicos, fi siológicos, la oclusión, la función y la ética, factores que a los pacientes poco les interesan.

Hoy día, con tanta oferta y exceso de odontólogos, los pacientes entendieron que hay demasiadas promociones, descuentos, remates, obsequios. Pero lo que no entendemos los odontólogos es que esto ha traído es el empobrecimiento del gremio.

Por un lado, encontramos al odontólogo graduado de una universidad legal, real y con calificación de alta calidad; es un profesional que les ofrece a sus pacientes materiales de  excelente calidad, de marcas comerciales reconocidas, instrumental debidamente empacado, lavado, esterilizado y almacenado, que paga un arriendo, cámara de comercio, impuestos, sobretasas, como mínimo tiene de empleado un auxiliar, paga unos servicios públicos, hace las adecuaciones e incurre en gastos astronómicos exigidos por las secretarías de salud.

Aparte de estos gastos, este odontólogo idóneo invierte en seminarios, congresos, simposios, diplomados, con la finalidad de actualizarse, aumentar sus conocimientos y calidad de trabajo.

Este odontólogo hizo un postgrado presencial, paga a una empresa reconocida y autorizada para recoger los desechos biológicos y corto-punzantes, para no sacar los desechos del consultorio en la basura normal. Este odontólogo se encuentra inscrito y habilitado
en el registro de prestadores de servicio salud.

Lo triste es que a los pacientes no les importa: cuando nos visitan para solicitar nuestros servicios, inmediatamente lanzan la pregunta más común: ¿la consulta tiene costo? Por Dios, cuanto me indigna cuando me dicen “hágame un descuentico”, y nos expresan que si accedemos a darles ese descuento nos traen a la esposa, a la mamá, al hijo, y siguen interpelando con frases como “vea, que el trabajo con la familia es grande”.

La responsabilidad de nuestro trabajo no merece que estemos nadando a diario en mares tenebrosos llenos de ofertas y descuentos. Llámese oferta, descuento, promoción, regalo, dádiva, o como se quiera referir: no es justo, no es digno, no es propio de una ciencia de la salud estar mendigando pacientes con estos actos denigrantes e indeseables. Estoy seguro que ninguno de ustedes que lean estas líneas aceptaría que a su esposa embarazada la atienda un ginecólogo que oferte 2 por 1, o un cardiólogo que paute en vallas callejeras, revistas, periódico o tv, en donde su eslogan sea,: “Venga y le ponemos el primer marcapasos con el 30% y el segundo con el 70% de descuento”. O un cirujano plástico que
oferte: “El primer seno con el 30% de descuento y el segundo gratis”. O esta otra oferta: “Le encimo la lipo”. Les aseguro que yo saldría corriendo despavorido.

“No es propio de una ciencia de la salud
estar mendigando pacientes”

Por estas y muchas más razones, les pido el favor de que sean conscientes del adagio que dice que “lo barato siempre sale caro”.Siempre le digo a los pacientes que llegan pidiendo descuentos  que no somos almacén de cadena, y les pregunto: ¿Le parece caro una cirugía de cordales? Y continúo haciendo más comentarios y preguntas como esta: ¿Una liposucción o una rinoplastia, un aumento de senos y glúteos si lo paga con gusto? Respeten a los profesionales porque pasamos muchos años de nuestras vidas estudiando y preparándonos para ejercer una odontología general, sumemos 3 ó 4 años de postgrado para hacer nuestra especialización, a lo que seguimos actualizándonos en cursos, congresos.

Mientras a los pacientes les duela invertir en su salud, esto no va a cambiar. Después de que le generen un daño por buscar lo más económico, cuando quieran odontología racional y bien hecha, el costo va a ser muy alto.

A los pacientes les expreso también que “todo lo que brilla no es oro”, que se debe poner en una balanza el costo-beneficio. Hoy día pululan miles de colegas que postean fotos en redes sociales con guantes negros, enfundados en batas tipo smoking, posando sonrientes al lado de pacientes supuestamente “felices”. Pero, a muchos de estos personajes que bien pueden tener el título de Odontólogos o de Especialistas, se les olvidó el juramento hipocrático que hicieron el día de su graduación.

Los pacientes, la gente común, los empresarios de la salud, piden y exigen procedimientos que se ha demostrado son lesivos para la salud. Es lamentable y difícil de admitir que, por pereza a informarse bien, piden que se les realicen estos procedimientos que desean aún después de ser informados de los riesgos que conlleva un procedimiento específico. No les importa nada, aun cuando en sus bocas presenten patologías reales que sí requieren tratamiento de forma inmediata.

Esta situación es de todos los días, aún en personas que creemos estructuradas y bien educadas por ser profesionales: tristemente, están más preocupados por su apariencia que por su salud. Ya lo dijo el Dalai Lama hace años: “El hombre pasa la mitad de su vida gastando su salud en busca del dinero, y el resto de su vida gastando su dinero para recuperar su salud. Nacer no pedimos, vivir no sabemos, y morir no queremos”. A final de cuentas, no importa cuánto estudiemos, el buen vivir no es tema de ningún pensum académico y no se aprende sino con la experiencia.

Por eso debemos cuidarnos, ser unidos, evitar hablar mal de nuestros colegas cuando un paciente nos invite a eso, solamente dar nuestro diagnóstico profesional sin señalar, sin juzgar; no podemos seguir el juego de desacreditarnos entre nosotros. Si hay algo que se tenga que juzgar, que sea la justicia quien se encargue de eso.

Y todavía peor, es que no estamos preparados para defendernos por los honorarios tan bajos cómo están hoy en día, no alcanza a muchos ni para sobrevivir, sin capacidad de ahorrar, la mayoría endeudados.

Los contratos en entidades prestadoras de servicios de salud no dan para vivir dignamente como profesionales y nos engañamos trabajando horas extras en consulta privada. Debemos ponernos a pensar en el momento de colgar la turbina, la bata y los guantes, cuando nos llegue la hora del retiro laboral.

Mucho cuidado con los dineros que cotizamos o no para pensión de retiro, mentalicémonos que no somos inmortales, que la ley de la vida nos llevará a envejecer. Pensemos en ese momento en que nos toque mensualmente pagar por nuestra salud, las medicinas, nuestro sustento y los demás gastos que vienen asociados con la vejez. Muchos de nosotros, sin querer y sin caer en cuenta, cotizamos para vivir inmersos en una pobreza a futuro. Debemos prepararnos para llevar una vejez digna; ese día. cuando estemos solos, sin apoyo, no nos va a valer el haber sido el odontólogo que dejó muchos pacientes felices por sus bajas tarifas, por sus descuentos.

“El hombre pasa la mitad de su vida
gastando su salud en busca del dinero, y
el resto de su vida gastando su dinero para
recuperar su salud…”

Cuando ya nuestro organismo no nos permita trabajar, les aseg

uro que nadie se va acordar de nosotros, nadie nos va a tender la mano. Pero la solución está en nuestras manos: no nos regalemos más, cobremos lo justo, se debe luchar por tener unas tarifas mínimas para todos en cada uno de nuestros países, tarifas que no puedan ser violadas, con esto lograremos que los pacientes elijan a su odontólogo no por el precio, sino por la calidad humana y profesional.

El día que nos unamos todo será diferente, mucho mejor en todo aspecto. Nos sentiremos orgullosos de lograr el sitial que merecemos en la sociedad, valdrá la pena correr los riesgos a los que constantemente nos exponemos. Parece un sueño, pero es posible alcanzarlo: empecemos hoy, creando conciencia de querer hacer las cosas bien y trabajar unidos, pronunciarnos sobre los abusos laborales y rechazar esos modelos de contratación esclavistas, buscar la solución a los problemas que nos persiguen porque estamos dormidos y nos está arrastrando la corriente.

“… cobremos lo justo, se debe luchar por
tener unas tarifas mínimas para todos en
cada uno de nuestros países, tarifas que no
puedan ser violadas, con esto lograremos
que los pacientes elijan a su odontólogo no
por el precio, sino por la calidad humana y
profesional»

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