La discriminación en el nuevo Estatuto Marco.

Médico-Odontólogo
La odontología española atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas en términos de reconocimiento profesional. El borrador del nuevo Estatuto Marco del Personal Estatutario de los Servicios de Salud ha encendido las alarmas del sector al plantear una clasificación profesional que podría situar a los odontólogos en una categoría inferior a la de otros profesionales sanitarios con semejante desarrollo profesional y responsabilidad como son los graduados en medicina. La razón es tan sorprendente como injusta: la ausencia de especialidades odontológicas oficialmente reconocidas en España y que si tienen otras profesiones con un grado más corto como ocurre por ejemplo con enfermería.
Esta situación resulta difícil de entender si se analiza la trayectoria histórica de la profesión. La odontología ha evolucionado hasta convertirse en una disciplina sanitaria independiente, altamente cualificada, con una formación universitaria exigente, una elevada responsabilidad clínica y una contribución esencial a la salud pública. Los odontólogos diagnosticamos enfermedades, realizamos procedimientos quirúrgicos, prescribimos tratamientos farmacológicos y asumimos decisiones clínicas complejas que afectan directamente a la salud y calidad de vida de millones de personas.
Durante décadas, la profesión ha trabajado para alcanzar los niveles de excelencia científica y asistencial que hoy la caracterizan. La integración en el Espacio Europeo de Educación Superior consolidó un modelo formativo equiparable al de las principales profesiones sanitarias de nuestro entorno. Sin embargo, mientras la mayoría de los países europeos desarrollaban sistemas de especialización odontológica reglada, España mantuvo una anomalía normativa provocada desde diferentes frentes que todavía persiste.
La paradoja es evidente. Existen odontólogos con una amplísima formación de posgrado en ortodoncia, cirugía oral, periodoncia, implantología, odontopediatría o prostodoncia, etc., disciplinas plenamente reconocidas en numerosos países europeos. Sin embargo, el Estado español nunca ha culminado el desarrollo de las especialidades odontológicas oficiales. Es decir, los profesionales han alcanzado los máximos niveles de capacitación posibles, pero la Administración no ha proporcionado el marco legal necesario para reconocer formalmente dicha especialización.
Los odontólogos han alcanzado los máximos niveles de capacitación posibles, pero la Administración no ha proporcionado el marco legal necesario para reconocer formalmente dicha especialización.
Ahora, el nuevo Estatuto Marco amenaza con convertir esa carencia administrativa en un perjuicio profesional. Según la propuesta, la clasificación de los profesionales sanitarios se vincularía a la posesión de títulos oficiales de especialidad. Como consecuencia, los odontólogos quedarían excluidos de las categorías superiores a las que sí podrían acceder otros profesionales sanitarios.
Ahora, el nuevo Estatuto Marco amenaza con convertir esa carencia administrativa en un perjuicio profesional
La pregunta es inevitable: ¿cómo puede penalizarse a una profesión por no disponer de unas especialidades cuya creación depende exclusivamente de la Administración? Resulta difícil encontrar un ejemplo más claro de desigualdad institucional. No se trata de una falta de formación, de competencias o de responsabilidad asistencial. Se trata de una ausencia normativa que muchos odontólogos llevan años denunciando sin obtener respuesta cuando en otras categorías han ido aumentando paulatinamente su especialización.
El problema terminará trascendiendo de ser una mera clasificación administrativa para tener implicaciones directas sobre el reconocimiento institucional, las oportunidades de desarrollo profesional, la representación dentro del sistema sanitario y, en muchos casos, las condiciones laborales y retributivas. Situar a la odontología en un escalón inferior transmite un mensaje profundamente equivocado sobre el valor de una profesión sanitaria que desempeña funciones esenciales para la salud de la población.
Situar a la odontología en un escalón inferior transmite un mensaje profundamente equivocado sobre el valor de una profesión sanitaria que desempeña funciones esenciales para la salud de la población.
Por ello, las reivindicaciones del sector resultan plenamente razonables. Los colegios profesionales, las sociedades científicas, sindicatos profesionales y el Consejo General de Dentistas han reclamado que el nuevo Estatuto Marco reconozca adecuadamente la realidad académica y asistencial de la profesión. Asimismo, se ha insistido en la necesidad de desarrollar de una vez por todas las especialidades odontológicas, alineando a España con los estándares vigentes en la mayoría de los países europeos.
La odontología española ha demostrado durante décadas su capacidad científica, asistencial y académica. Ha evolucionado al mismo ritmo que los países más avanzados de Europa y ha contribuido decisivamente a mejorar la salud de la población. Lo que ahora reclama no son privilegios ni tratamientos de favor. Reclama algo mucho más sencillo: que su clasificación profesional refleje la realidad de su formación, de sus competencias y de su responsabilidad sanitaria como facultativos que somos
Lo que la odontología reclama no son privilegios ni tratamientos de favor, es que su clasificación profesional refleje la realidad de su formación, de sus competencias y de su responsabilidad sanitaria como facultativos que somos

Los Odontólogos se manifiestan en Madrid junto al resto de facultativos







