Carlos G. García Vélez, el ilustre dentista revolucionario

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Javier Sanz Serrulla

Pocas personalidades tan poliédricas como la del Cirujano-Dentista D. Carlos García Vélez se han dado en el colectivo odontológico, especialmente de un alcance social tan llamativo, repartido en geografías muy diversas. Dentista con título logrado en España, miembro de la directiva de la Sociedad Odontológica Española y director de una revista dental en este país, no dudó en abandonar todo para alistarse en la revolución cubana y encomendarse después a misiones diplomáticas.


Tercero de los cinco hijos del matrimonio formado por el general Calixto García Íñiguez y doña Isabel Vélez Cabrera, Carlos Gabriel García Vélez nació el 29 de abril de 1867 en la finca “El Tejar”, en Santa Rita, localidad situada entre las de Bayamo y Jiguaní, en la isla de Cuba, que había fundado catorce años antes, el 8 de septiembre de 1853, el obispo de Santiago de Cuba, Antonio María Placed.

Apenas contaba Carlos con un año y medio de vida cuando comenzó la “Guerra Grande” de la independencia cubana, a fecha 10 de octubre de 1868, y el padre, entonces un anónimo, se implicó en la misma, seguido en su trayecto por su familia. En 1870 serían hechos prisioneros, y madre, suegra e hijos fueron trasladados a La Habana, donde, como referirá García Vélez años después, fueron recluidos en la prisión de “Las Recogidas”, destinada a mujeres públicas y a delincuentes, pasando toda clase de calamidades. Sin embargo, las muchas gestiones realizadas por Lucía Íñiguez, abuela paterna de Carlos García Vélez, provocaron la libertad de la familia con la condición de que partiera para el exilio sin demora, dirigiéndose así a Key West, en el estado de Florida, donde los atendieron algunas familias de cubanos exiliados entre los que tuvieron especial trascendencia los Martínez-Ibor, líderes del emporio de torcedores de tabaco que sufragarían gran parte de la guerra del 95. Con una hija de esta familia, Amalia Elena, Carlos García Vélez contraerá matrimonio en su día, un 19 de febrero de 1900.

Finaliza la guerra, en 1878, Calixto García se reunió con su familia en los Estados Unidos y vivieron en un edificio de la Novena Avenida de Nueva York, prosperando económicamente, por lo que Carlos abandona el internado en el que ha permanecido un tiempo. Ahora asistirá a una escuela pública al tiempo que trabajará como mensajero en la “Western Union Telegraph Company” y acudirá a cuantos conciertos le sean posibles pues demuestra un especial interés por las artes, especialmente por la música, iniciándose en los estudios de piano. Esta es la vida neoyorquina del joven Carlos García Vélez, que ve pasar por su domicilio, en los años de 1878 y 1879, un desfile de patriotas cubanos que acuden a visitar a su padre, entre ellos el general Antonio Maceo, quien dejará una huella especial en su personalidad, hasta el punto de que llegará a confesar en su día que de no haber acudido a la guerra con su padre, lo habría hecho a las órdenes de Maceo.

Retrato juvenil de Carlos G. García Vélez.
Retrato juvenil de Carlos G. García Vélez.
General de Brigada Carlos García Vélez.
General de Brigada Carlos García Vélez.

 

 

 

 

 

 

 

Sin haber cumplido un año la familia en su etapa neoyorquina, comienza en Cuba el 26 de agosto de 1879 la llamada “Guerra Chiquita”, la segunda de las tres guerras de independencia contra España, de la que el general Calixto García es protagonista principal como estratega, aunque ausente de la isla. La guerra terminó en septiembre de 1880 con la derrota de los rebeldes. Consecuencia de ello será la deportación a España del general García, que fue indultado de condena a muerte. No obstante se le prohibió aban-donar el país y aquí acudirá la familia entera, dirigiéndose ésta en el “Villa de Marcela” hacia Gibraltar para pasar después a Algeciras, donde les espera el patriarca y desde allí viajan a Cádiz para tomar un tren hacia Madrid, reuniéndose definitivamente en el nº 90, 2º izda. de la calle de Fuencarral.

Cirujano-Dentista por la Universidad Central de Madrid

Carlos García Vélez debió cursar sus estudios secundarios en el Instituto Cardenal Cisneros, que con el nombre de “Instituto del Noviciado1” había nacido en 1845, tras el establecimiento de los estudios de Segunda Enseñanza Elemental en el conocido como “Plan Pidal2”, durante el reinado de Isabel II. Junto con el “Instituto de San Isidro” fue el primero de su género en Madrid. Quiso su padre que Carlos estudiara la carrera de Derecho, pero éste prefirió escoger una de menor duración a fin de ayudar lo antes posible en la economía familiar y se decidió por la dentistería pues, es esos momentos, bastaba para obtener el título oficial tan sólo una serie de exámenes. En efecto, desde que en 1875 se promulgara el Real Decreto que creaba el título de “Cirujano-Dentista”, todo aquel que en lo sucesivo quisiera ejercer la profesión dental en España debería estar en posesión del mismo. Así pues, durante un cuarto de siglo, hasta que en 1901 se creara el título de “Odontólogo”, los aspirantes tan sólo deberían presentarse a examen en la Facultad de Medicina de la Universidad Central, ante un tribunal compuesto por tres profesores médicos y dos dentistas que observarían en el aspirante su suficiencia en los tres apartados reglamentarios: conocimientos teóricos, destreza en la operación –generalmente una exodoncia- en un cadáver, y construcción de un aparato protético bucal, superados los cuales recibiría el correspondiente título de “Cirujano-Dentista” que le facultaría para el ejercicio legal de la profesión de dentista.

Carlos García Luna Vélez, tal como, con ese apellido “Luna”, aparece en su expediente académico3, se presentó en la Facultad de Medicina para solicitar examen para la obtención de dicho título el 8 de noviembre de 1886. Tenía 19 años de edad y estaba domiciliado en el número 1 de la calle de Valverde. El 7 de diciembre inmediato realizó los exámenes de construcción de piezas artificiales y práctico, que superó con la misma calificación, la de “Aprobado”, que el teórico, éste efectuado diez días después. Hizo el pago del título el 20 de diciembre de 1888 y se le expidió ocho días después, aunque no lo recogió hasta el 28 de febrero de 1889.

Con la acreditación profesional reglamentaria marchó a Francia, para ejercer en el hospital de San Juan de Luz durante un tiempo y procurarse unos ahorros con los que instalarse después en Madrid. Parecen ser de aquel momento los contactos con algunas figuras de la estomatología francesa, especialmente con su líder Émile Magitot.

A la vuelta, con un importante bagaje de conocimientos no ya teóricos, sino prácticos, que desempeñaba con ventaja por su buen dominio de las todavía incipientes técnicas anestésicas inhalatorias –con éter y cloroformo–, se instaló en Madrid, donde logró, como se le reconocerá en las revistas profesionales –véase más adelante–, una numerosa y escogida clientela. Curiosamente, entre sus escogidos pacientes se iba a encontrar su padre, a quien realizó Carlos una prótesis bucodental en caucho que mitigó el destrozo ocasionado tras el fallido intento de suicidio mediante un disparo en el paladar, el 5 de septiembre de 1874, para evitar caer en manos del enemigo durante la Guerra Grande de Cuba4. Afortunadamente los médicos españoles le salvaron la vida en el poblado de Veguitas, donde había sido conducido.

Más allá de su actividad profesional, Carlos García Vélez mantuvo vigentes sus enseñanzas y ejercicios musicales, siguió practicando el piano y alternó con el mundo cultural madrileño en foros como el Círculo de Bellas Artes y el Ateneo de Madrid. La vida social, como se comentará tras su huída en 1895, de padre e hijo –véase después- era bien conocida pues ambos contaban con muchas relaciones y amistades. No obstante, García Vélez, si bien se encontraba cómodamente integrado en la sociedad madrileña, era ave de paso.

Mancheta de la “Revista Estomatológica”.
Mancheta de la “Revista Estomatológica”.

Fundador y director de la “Revista Estomatológica”

Probablemente imbuido por el contacto con Émile Magitot, creador a su vez de la revista del ramo francesa “Revue de Stomatologie”, funda el mismo año en España la homónima “Revista Estomatológica”, que, con este nombre se edita por primera vez en abril de 1894, con domicilio en Madrid, en el nº 21 de la calle de Recoletos. Carlos García Vélez será su director, el puesto de redactor-jefe lo ostentará su cuñado, David L. Whitmarsh, y formarán el cuerpo de redactores J. Martínez Amechazurra y Justo García Vélez.

En ese momento sólo se editaban en España dos revistas odontológicas5: “La Odontología”, dirigida por D. Florestán Aguilar, y “El Progreso Dental”, a cuyo frente estaba el polemista Mariano Riva Fortuño. Ninguna de estas dos publicaciones se tiraba en Madrid pues la primera tenía su sede en Cádiz, de donde pasará a la capital del reino en 1900, coincidiendo con el traslado del director, y la segunda en Zaragoza; así pues, Carlos García Vélez viene a ocupar el puesto que en el periodismo odontológico madrileño dejara vacante la “Revista Odontológica” de Cayetano Triviño, tras su cierre en 1881.

Revista estomatológica.
Revista estomatológica.

La “Revista Estomatológica”, de una veintena de páginas, inició su publicación en abril de 1894 y tuvo una vida fugaz, de apenas un año, pues dejó de editarse cuando en 1895 el director marchó hacia Cuba. No tuvo, pues, tiempo para convertirse en referencia de nada. Tomó como modelo nada menos que la muy prestigiosa norteamericana “The Dental Cosmos”, publicada entre 1859 y 1936, y fijó sus posturas en la reforma de la carrera de dentista en España así como en la lucha contra el intrusismo, relatando cuanto ocurría en otros países y sin escatimar esfuerzos para entrar en polémica. Contó con algunas secciones fijas como las tituladas Formulario y Revista de revistas, recurriendo también a la inclusión de artículos de otras publicaciones foráneas. Una serie de anuncios de productos dentales de marcas españolas y extranjeras contribuirían, a buen seguro, al sostenimiento económico de la publicación.

Secretario de actas de la Sociedad Odontológica Española (S.O.E.)

Carlos García Vélez se implicó en los asuntos organizativos de la profesión. La prensa odontológica pedía la constitución de una sociedad que agrupara a los dentistas españoles para defender corporativamente sus reivindicaciones así como difundir los conocimientos profesionales y esta especie de movimiento de papel desembocó en la convocatoria en Madrid, en el mes de octubre de 1894, de “numerosos dentistas” ejercientes en la capital6, siendo designado de entre ellos para ocupar la presidencia interina Ramón Portuondo y la secretaría, asimismo con carácter interino, Carlos García Vélez.

Durante la sesión, éste se promocionó como alentador del proyecto a través de su revista, debiendo corregirle Aguilar para reivindicar también la aportación de la suya, “La Odontología”, reconociendo no obstante cómo García Vélez había trabajado asiduamente para preparar aquella reunión. Finalmente, fue elegida la Junta de Gobierno de la nueva sociedad profesional, quedando constituida por Ramón Portuondo (presidente), Harry Highlands (Vicepresidente), Florestán Aguilar (Vicesecretario general), Carlos García Vélez (Secretario de actas) y Enrique Headdy (Tesorero). En la segunda sesión se acordó que mientras la nueva sociedad no pudiera contar con un órgano oficial de comunicación, harían las veces de éste las revistas “La Odontología” y “Revista Estomatológica”. Ambos directores estaban posicionados y presentes en la primera directiva de una sociedad odontológica de carácter nacional pues si bien el Círculo Odontológico de Cataluña era más antiguo, de origen en diciembre de 1879, se considera de ámbito regional. La participación de García Vélez en la S.O.E. sería muy breve toda vez que antes de un año había huido de su país de adopción.

Negocios odontológicos en España

Este avispado dentista logró para su país de adopción la patente de dos importantes artilugios dentales, en época en la que la odontología iniciaba un importante despegue gracias a la incorporación de adelantos técnicos que posibilitaban el abordaje del dentista a ciertas operaciones más minuciosas. En primer lugar, obtuvo, como consta en su revista, la patente nº 14.826, “concedida el 13 de septiembre de 1893, para España y dominios españoles” del Ángulo Universal, aplicable a cualquier torno de gabinete.

Igualmente, apenas un mes después, logró la patente nº 14.971, “concedida el 12 de octubre de 1893 para España y dominios españoles” del Sillón Dental Wilkerson reformado, invento del doctor norteamericano Basil Manly Wilkerson (1842-1910), graduado en el pionero Baltimore College of Dental Surgery, quien patentó en 1877 el primer sillón dental hidráulico, perfeccionándolo en 1886. Ambos anuncios, que constan con su nombre grabado tanto en el ángulo como en el sillón, lo eran tanto de los productos en sí mismos como de la admonición a quienes se atrevieran a comerciar con ellos, pues la titularidad de dichas patentes correspondían a su persona. En los primeros números de la revista advierte ya de la requisitoria notarial contra algún ilegal competidor.

La huída a Cuba. Su participación en la “Guerra necesaria”

El 25 de marzo de 1895, José Martí y Máximo Gómez firmaban en la localidad dominicana de San Fernando de Monte Cristi el que sería conocido después como histórico “Manifiesto de Montecristi”, documento del Partido Revolucionario Cubano que expuso las ideas de Martí para emprender la tercera guerra de independencia cubana, conocida también como la “Guerra necesaria”. El manifiesto llegó a manos del general Calixto García, que lo comentó con la familia. De inmediato Carlos lo difundió clandestinamente en los lugares que frecuentaba y, especialmente, entre la colonia de refugiados cubanos en Madrid.

Cuando tienen conocimiento de que Martí, Gómez, Maceo y otros líderes del independentismo cubano van camino de la isla, Calixto García se compromete a unirse con ellos en la empresa. En ella no va a faltar tampoco su hijo Carlos, si bien deben tramar un plan pues son vigilados en la capital del reino español. A fin de que la nutrida clínica de Carlos García Vélez no dé síntomas de inactividad por ausencia del titular, lo cual levantaría fundadas sospechas, llega desde Málaga su cuñado, David L. Withmarsh, DDS por el Pennsylvania College of Dental Surgery en 18837, quien se encarga de los pacientes. Y, también, su nombre será utilizado para reservar una plaza en el tren en que padre e hijo subirán para llegar a París, lo cual conseguirán sin grandes problemas.

Al final, como es de esperar, la huída del dentista será notoria y los medios profesionales enseguida darán noticia, recogiendo lo que ya era de dominio público en la prensa madrileña. La revista “La Odontología” así lo lamenta en el número de octubre de 1895: Los periódicos madrileños han publicado la noticia de que el conocido profesor don Carlos García Vélez, director que fue de la Revista Estomatológica, hijo del famoso cabecilla insurrecto de la guerra pasada Calixto García, ha salido para París y New York con objeto de embarcarse para Cuba y allí luchar al lado de los insurrectos de la causa separatista.

Su padre, Calixto García, figuró mucho como uno de los principales jefes de la última guerra, en la que estando herido por haber intentado suicidarse, fue hecho prisionero y sentenciado á muerte, pero perdonado luego, vino á España y acogido al indulto de 1884, estableció su residencia en Madrid, donde cursó su hijo Carlos los estudios de dentista. Padre é hijo contaban en Madrid con muchas relaciones y amistades8

Ángulo universal.
(En el eje se lee: C. GARCÍA VÉLEZ).
Sillón dental Wilkerson reformado.(En el pie se lee: C. GARCÍA VÉLEZ.)
Sillón dental Wilkerson reformado.(En el pie se lee: C. GARCÍA VÉLEZ.)

 

 

 

 

 

 

 

 

Reunidos en París los clubes patrióticos, formados por los cubanos emigrados en esta ciudad, envían al general Calixto García a Nueva York para que, desde allí siga rumbo hacia la isla pues su presencia en la guerra es importante, habida cuenta de la experiencia acumulada anteriormente. El 26 de enero de 1896 padre e hijo, además de otros patriotas de la isla, embarcan en el vapor Hawkins pero apenas avanzan pues el mal estado del barco lo impide. Finalmente, el 24 de marzo se hallan en la costa cubana, próximos a Baracoa.

Su participación en la “Guerra necesaria” de Cuba, la que finalmente llevó a la isla a lograr su independencia fue tajante. En España, todavía dos años después se lamentaba el mismo medio odontológico de la traición del renombrado dentista, hijo de quien había sido acogido en España e indultado. Ambos se encontraban batallando contra España como informa la misma revista, bajo el epígrafe de “Malos patriotas”: C. Carlos García Vélez, erudito director que fue de la Revista Estomatológica y que contaba ya en Madrid con una numerosa y escogida clientela, olvidando sagrados deberes de gratitud á la madre pátria que ya en una ocasión perdonó la vida á su padre el famoso Calixto García, se encuentra con éste en la manigua peleando contra España9. En efecto, en “la manigua” en la que había soñado el joven médico militar Santiago Ramón y Cajal, allí destinado, hallar poco menos que un paraíso.

Carlos García Vélez cumplió una hoja de servicios importante durante esta guerra, protagonizó no pocas misiones y participó activamente en numerosos combates, como el protagonizado en Cauto donde fue volado el buque “Relámpago” de la Armada española, el 17 de enero de 1897. Unos meses después, el 29 de agosto, tomó con su brigada el cuartel de caballería durante la llamada “Batalla de las Tunas”. Terminó la Guerra como General de Brigada.

Embajador en México

Tras la guerra, García Vélez tuvo sus brillos sociales y políticos. Casado en 1900, ocupaba el cargo de Inspector General de Cárceles, Prisiones y Beneficencia cuando decide marchar a los Estados Unidos y allí se encuentra el año siguiente, pero las cosas no marchan como desea y decide regresar a la isla enrolándose en el Partido Unión Democrática donde aspira a la alcaldía de La Habana, que no conseguirá tras perder las elecciones ante Miguel Genea. Instaurada la República, el presidente Estrada Palma le ofrece la legación de México, de tal manera que el dentista y militar García Vélez se transforma en diplomático. A su decir, en el diario de memorias que se conserva en la casa natal de su padre, García Vélez confiesa haber ingresado en la carrera diplomática por considerar que la diplomacia era la que podía sacar la República adelante10.

Como primer Embajador oficial en México se mantuvo hasta 1906, año en que dimitió como consecuencia del nombramiento de Ernesto Fonts como Secretario de Hacienda, no olvidando Vélez la inquina de Fonts hacia su padre en 1898, que acabó con su destitución como jefe del Departamento Oriental. Ese mismo año de 1906, la llegada de las elecciones presidenciales trajo la llamada “Guerrita de Agosto”, en la que se vio implicado García Vélez, a cuyo mando estaba el levantamiento de La Habana, cuyo fin era impedir la reelección de Estrada Palma. Carlos y Justo García Vélez serían detenidos. Con la llegada a la presidencia de la República del Mayor General José Miguel Gómez, el que fuera dentista en Madrid ostentó diversos cargos, entre ellos la Secretaría de Gobernación.

Otros puestos de alto rango diplomático llegaría a desempeñar García Vélez. De nuevo la revista “La Odontología”, que no olvida al que fuera ilustre dentista en Madrid, comenta en junio de 1909 su nuevo cargo: Recientemente ha salido de la Habana para Washington, con objeto de tomar posesión del alto cargo de ministro plenipotenciario de Cuba en los Estados Unidos, este distinguido compañero que, como su hermano D. Justo, actual secretario de Estado, se halla retirado desde 1895 de la profesión dental, en el que tuvo una distinguida clientela cuando estuvo establecido en Madrid1111. En efecto, los hermanos dentistas García Vélez desempeñaban importantes puestos en el nuevo estado cubano. Justo fue Secretario de Estado durante el Gobierno de José Miguel Gómez (1909-1912) y Carlos, por su parte, Embajador de Cuba en Estados Unidos, hasta 1912. Fue asimismo Embajador en Gran Bretaña, siendo destituido el 24 de marzo de 1924, de nuevo, como le ocurriera en Estados Unidos, por criticar la corrupción de su país.

No fueron las únicas misiones diplomáticas que representó Carlos García Vélez pues, carente de fortuna, aceptó una segunda etapa en la legación mexicana en 1934. Incluso había sido nombrado Embajador en España, pero no llegaría a tomar posesión pues los celos de cercanos competidores políticos dieron con la anulación del nombramiento al día siguiente. En los años cincuenta se encontraba retirado y solitario en Cuba, desencantado con la situación de la isla. “No hay república, no hay nada”, fueron palabras suyas en una entrevista realizada a los 81 años, como también: “Hemos heredado todos los defectos de España y ninguna de sus virtudes.” El que luchara por la independencia de Cuba era ahora un proscrito y su escepticismo, era ahora un descreído, a pesar de que vivía en un país sin igual: “He viajado por todo el mundo y he llegado al convencimiento de que no hay otro país como el nuestro sobre la tierra… ¡Ojalá nosotros fuéramos lo mismo!”

Nonagenario y viudo, solitario pues el hijo que cuidaba de él había tenido que emigrar cuando estalló la revolución, el general Carlos Gabriel García Vélez, el diplomático, en fin, el ilustre dentista revolucionario que lograra un lugar de importancia profesional en el Madrid finisecular del XIX, falleció en La Habana, un 6 de enero de 1963. ●


1 Obedece esta denominación a que sus clases se impartían en las aulas de la Universidad Literaria de Madrid, trasladada desde Alcalá de Henares en 1836 e instalada en el edificio de Noviciado de los Jesuitas de la calle de San Bernardo.

2 Cfr. Gaceta de Madrid, 25 de septiembre de 1845, (Nº. 4029), pp. 1-5.

3 Archivo Histórico Nacional. Sección Universidades. Legajo 1434. Expte. nº 69.

4 Sobre este episodio, consultar Pupo Triguero, R.J., Torres Guerrero, M., Álvarez Infante, E. Análisis histórico y médico quirúrgico de la herida bucofacial del General Calixto García Íñiguez. www.sld.cu/galerias/pdf/sitios/protesis/articulo

5 Cfr. Sanz, J. Historia del Periodismo Odontológico Español (1872- 1950). Guadalajara, Aache Ediciones, 2012.

6 La Odontología, 1894, 10, pp. 356-361.

7 The Dental Cosmos, 1883, 4, pp. 210.

8 Anónimo, La Odontología, 1895, 10, pp. 403.

9 Anónimo, La Odontología, 1897, 1, pp. 61.

10 Cfr. https://aldeacotidianablogspot.com.es

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