Presidente de SEIMC

Francisco Javier Membrillo de Novales, médico, es el actual presidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, preside la Alianza Latinoamericana en Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica y es jefe de la Unidad NRBQ-Infecciosas del Hospital Central de la Defensa “Gómez Ulla” de Madrid.
La SEIM cuenta con casi 5.000 socios y como nos cuenta su presidente está abierta también a los odontólogos. Actualmente cuenta con 15 grupos de estudio y cinco grupos de trabajo en los que más de la mitad de los socios están participando. También cuenta con un campus online con más de 43.000 inscritos de España y Latinoamérica con muchísimas actividades científicas, la mayoría de ellas gratuitas. Ofrece un máster para paliar las carencias formativas de los médicos que no se pueden especializar en enfermedades infecciosas y otras actividades.
España es uno de los pocos países que no cuenta con la especialidad de enfermedades infecciosas, algo que suena especialmente a los odontólogos que también llevan años revindicando las suyas, siendo esta reivindicación de la especialidad de enfermedades infecciosas su principal batalla en este momento.
En la entrevista nos centramos en COVID-19 pero animamos a todos los lectores a entrar en la página web de esta sociedad científica donde encontrarán información de alto interés.
¿La infección por COVID es algo que nos debe preocupar seis años después del inicio de la pandemia?
Desde 2022, con la llegada de la variante ómicron del virus, la preocupación por el virus ha disminuido por su menor potencial patógeno. Pero no podemos olvidar que los pacientes graves siguen existiendo, que las mutaciones siguen ocurriendo, y que el potencial pandémico sigue existiendo ante potenciales nuevas mutaciones. Estamos ante el séptimo coronavirus conocido que infecta a humanos… y tres de estos siete han aparecido en lo que llevamos de siglo. Esto nos muestra el riesgo de volver a situaciones como la de 2020, que existe.
¿La idea de que el COVID es como un catarro y con paracetamol y agua vasta, evitando acudir a los servicios sanitarios, es acertada?
Depende del caso. A día de hoy, en la mayor parte de los casos, la respuesta es sí. COVID-19 es un virus que causa un cuadro catarral de vías altas leve. Pero, en algunas personas, especialmente en los ancianos y en los inmunodeprimidos, COVID-19 sigue causando enfermedad grave “como las de 2020”, ingresos en UCI y muertes. Por eso el reto es entender que el paciente leve, aunque no tenga riesgo o este sea mínimo, debe evitar contagiar ese “virus de catarro” al que potencialmente puede ser grave.
¿Es fácil distinguir un a gripe u otra infección por virus respiratorios del COVID?
Por los síntomas no, es prácticamente imposible. Pero por suerte tenemos excelentes métodos de diagnóstico microbiológico. Tenemos que saber usarlos, cuándo y cómo. Es un error el concepto que tanto se oía en 2021 y 2022 de “me hago una prueba, y si da negativa puedo ir a visitar a mi abuelo”. Tu abuelo también corre riesgo de enfermedad grave por otros virus respiratorios, como por ejemplo el metapneumovirus humano, y tienes que protegerlo igual.
¿Disponemos de tratamientos específicos para el COVID? ¿Merece la pena usarlos?
Tenemos varios antivirales que son muy útiles cuando se utilizan en los primeros días de la enfermedad: remdesivir, Paxlovid, y puede que en breve otro más, ensitrelvir. Su uso es importante en esas personas de alto riesgo… pero no cuando llegan al hospital una semana después, sino justo cuando parece que solo tienen un catarro leve. Ahí es donde reducen el riesgo de hospitalización, UCI y muerte. Por eso el diagnóstico precoz en ancianos e inmunodeprimidos es fundamental.
¿Cuáles son las fases del curso de la infección y desarrollo de la enfermedad?
Aquí poco ha cambiado. Generalmente tenemos una fase de cuadro catarral o pseudogripal, tras la que la mayor parte de los pacientes se curan espontáneamente, pero algunos pasan a una segunda fase inflamatoria en la que se produce un síndrome de distrés respiratorio agudo que genera la enfermedad grave.
La COVID-19 suele entenderse en dos grandes fases: una fase inicial de replicación viral, en la que el SARS-CoV-2 entra en las células respiratorias, se multiplica y produce un daño tisular directo, y una fase inflamatoria/inmunológica, en la que la respuesta del huésped puede desregularse y desencadenar una lesión pulmonar difusa con síndrome de distrés respiratorio agudo (SDRA). En esta segunda etapa, más que el virus en sí, lo que domina es la cascada inflamatoria, la disfunción endotelial y el aumento de permeabilidad alveolocapilar, que explican la hipoxemia y la gravedad clínica.
¿La vacuna sigue siendo esencial en la prevención de la infección por COVID?
Sin duda alguna. La vacunación frente a COVID-19 es uno de los mayores hitos de la historia de la Medicina, por la rapidez de su desarrollo y la magnitud del esfuerzo de ponerla a disposición de toda la Humanidad en pocos meses. Y tenemos que entender que su inmunidad es similar a la de la vacuna de la gripe en cuanto a la estacionalidad. La vacuna reduce el riesgo de contagio (moderadamente), y de enfermedad grave (mucho). Siempre que nos pongamos la dosis de recuerdo. No se trata de contar si tengo dos, tres o veinte dosis. Lo importante es vacunarme cada otoño, si estoy en los grupos de riesgo.

¿Cuál es el mecanismo de funcionamiento de la vacuna?
Es una gran pregunta, que sirve para desmontar todas las teorías conspiratorias. Las vacunas de ARN mensajero utilizan nuestra maquinaria celular durante unas pocas horas para fabricar una proteína del virus que es frente a la que generamos anticuerpos. Ese ARN, como todos teníamos y tenemos en nuestros libros de Biología del instituto, desaparece en unas horas, sin que quede ningún rastro en nuestro genoma (el ARN no se convierte mágicamente en ADN). No hay edición genética ninguna.
¿Qué riesgos puede tener la vacunación? ¿Justifican estos su contraindicación?
Como todas las vacunas, como todos los medicamentos, puede haber efectos secundarios, que casi siempre son menores. El riesgo de efectos adversos es mucho menor, por ejemplo, que el de la vacuna de la fiebre amarilla, que no dudamos en ponernos antes de hacer un viaje internacional a zonas endémicas. No es cierto que los hospitales escondan millones de muertos, ni que haya una epidemia de miocarditis e infartos. De hecho, está demostrado que el riesgo de miocarditis es muy superior por la infección por COVID-19 que por la vacuna. Ni es cierto que produzca esterilidad, de hecho, el 90% de la población española se vacunó en 2021 y la natalidad no ha bajado sino subido, y la mortalidad desde luego en la población general es muy inferior a la del desgraciado año 2020.
¿Quién debe vacunarse?
Sin duda los ancianos, los inmunodeprimidos, y sus cuidadores (lo que incluye al personal sanitario)
¿Cuánto dura el efecto protector de las vacunas?
Es una buena pregunta. De forma similar a la vacuna de la gripe, parece que el efecto protector disminuye tras entre 3 y 6 meses. Por este motivo, en algunos casos en EEUU se recomienda vacunar a las personas de riesgo cada 6 meses. Esto es un tema de debate actualmente.
¿Qué sabemos del COVID persistente? ¿Hay tratamiento actualmente?
Desgraciadamente no, no tenemos ensayos clínicos que hayan demostrado clara eficacia de ningún tratamiento. Lo que sí está demostrado es que vacunarse reduce el riesgo de que, en caso de padecer COVID-19, este genere un COVID persistente. Este fenómeno parece similar al que ya se conocía tras otras infecciones virales como el dengue, y sus causas parecen ser múltiples y no siempre presentes en todos los pacientes.
Nos puede resumir unas recomendaciones esenciales a tener presentes por los odontólogos.
Para protegeros a vosotros mismos: una revisión o procedimiento dental siempre debe retrasarse si el paciente está con “catarro” o con “gripe”, tenga hecha prueba de antígenos o no, sea positiva o negativa. Y vacunarse todos los otoños, por supuesto. Y para proteger a los pacientes, trabajar siempre con mascarilla… y no trabajar si somos nosotros los que tenemos el “catarro” o la “gripe”, por muy llena que tengáis la agenda.
¿Qué es SEIMC y por qué es necesaria la creación de la especialidad de Enfermedades Infecciosas en España?
SEIMC es la sociedad científica de referencia en el estudio multidisciplinar de las enfermedades infecciosas y la microbiología clínica en España, agrupando a casi 5000 profesionales (entre los que por supuesto puede haber odontólogos). Consideramos que las enfermedades infecciosas son una rama de la Medicina de extrema y creciente complejidad, como nos muestran no solo la COVID-19 sino otras noticias cada vez más frecuentes: Mpox, Crimea-Congo, Nilo occidental, gripe aviar… Y para formar a profesionales médicos que sepan manejar las infecciones graves y complicadas, necesitamos dejar de ser el último país de la Unión Europea sin especialidad de Infecciosas. Confiamos en que esta reclamación se convierta en una realidad en los próximos días.







