Hablamos con Sergio García Moreno

Ponente en próximo Congreso SECIB Valencia

Licenciado en odontología en la Universidad Rey Juan Carlos. Máster en cirugía bucal e implantología en el Hospital Virgen de la Paloma. Profesor colaborador en los Máster en Cirugía Bucal e Implantología Univ. de Valencia y. Master en Odontología Digital de la Universidad Europea. Autor de artículos en revistas nacionales e internacionales. Dictante en numerosos congresos nacionales e internacionales. Dictante en numerosos cursos de regeneración ósea nacionales e internacionales . Labor docente asociada a universidades (URJC, UCM, UPC, U de la Salle). Práctica privada en Implantología, Periodoncia y Prostodoncia.

Los próximos días 26 y 27 de noviembre de este año será uno de los conferenciantes del Congreso SECIB Valencia 2026. La ponencia que presenta suena atractiva:” Regeneración ósea digitalmente asistida: simplificación quirúrgica y optimizaciónn de resultados clínicos”.

¿Cómo nació tu vocación por la Odontología?

Mi vocación por la odontología nació de una forma algo tardía. Soy hijo de un cirujano maxilofacial y, desde pequeño, siempre existió esa sensación de que la odontología formaba parte de mi entorno y, en cierto modo, de mi futuro. Sin embargo, durante mi infancia y adolescencia no fue una profesión que me atrajera especialmente. De hecho, las materias que más me interesaban eran la física y las matemáticas, y durante mis últimos años de colegio estaba convencido de que estudiaría ingeniería de caminos.

La decisión llegó en un momento de cierta incertidumbre, coincidiendo con la implantación del Plan Bolonia y los importantes cambios que iba a experimentar la formación universitaria.

Curiosamente, durante la carrera tampoco experimenté una pasión inmediata por la profesión. Disfrutaba estudiando, pero sin sentir todavía una conexión especial con ella. Fue al terminar la universidad y comenzar a ejercer cuando descubrí realmente lo que significaba ser odontólogo y entendí el enorme acierto que había supuesto aquella decisión.

La práctica clínica me permitió encontrar una combinación difícil de igualar en otras profesiones: la exigencia intelectual de resolver problemas complejos, el componente humano del trato con los pacientes y la satisfacción que proporciona el trabajo manual bien realizado. Esa mezcla me cautivó desde el principio.

Con el paso de los años, la odontología ha dejado de ser únicamente mi profesión para convertirse también en una de mis grandes aficiones. Hoy forma parte de mi identidad y es, sin duda, una de las actividades que más satisfacción personal y profesional me aporta.

¿Cómo han cambiado las formas de trabajo desde que terminaste tu máster en implantología?

Finalicé mi máster en Implantología en 2016 y, sinceramente, creo que durante esta última década hemos vivido la mayor transformación que ha experimentado la odontología moderna. Y tengo la sensación de que todavía estamos en las primeras etapas de una evolución que seguirá acelerándose en los próximos años.

Si tuviera que resumir este cambio en una sola idea, hablaría de la incorporación real y masiva de las herramientas digitales a nuestra práctica clínica diaria. La digitalización ha dejado de ser algo anecdótico o reservado a determinados procedimientos para convertirse en un elemento central en la planificación, ejecución y seguimiento de muchos de nuestros tratamientos.

Gracias a ello, hoy disponemos de protocolos más precisos, más reproducibles y, en muchos casos, menos dependientes de la experiencia individual del operador. Esto no significa sustituir el criterio clínico, sino potenciarlo. Las herramientas digitales nos permiten diagnosticar mejor, planificar con mayor seguridad y ejecutar tratamientos complejos de una forma más sencilla y predecible.

¿Ha perdido fuerza el interés y el esfuerzo por salvar nuestras piezas dentarias?

No creo que sea así. De hecho, pienso que la odontología actual dispone de más recursos que nunca para intentar preservar dientes que hace apenas unos años se habrían considerado irrecuperables.

Como en cualquier ámbito de la medicina, siempre han coexistido distintas formas de entender la profesión. Por un lado, existe una visión más orientada a la eficiencia y a la simplificación de los tratamientos y, por otro, una búsqueda constante de la excelencia clínica y del mejor resultado posible para cada paciente. En este último aspecto, creo que la tendencia actual es claramente conservadora. Disponemos de más conocimiento científico, mejores biomateriales, técnicas quirúrgicas más avanzadas y protocolos más predecibles que nos permiten prolongar la vida útil de dientes con pronósticos muy comprometidos.

La odontología moderna avanza hacia tratamientos cada vez más precisos y menos invasivos. Nuestro objetivo sigue siendo preservar la dentición natural siempre que exista una posibilidad razonable de hacerlo con garantías a largo plazo.

Ahora bien, también es cierto que la implantología ha evolucionado enormemente en los últimos años. Los resultados funcionales, biológicos y estéticos que podemos conseguir hoy distan mucho de los que obteníamos años atrás. Esto hace que, en determinados casos, surja inevitablemente la reflexión sobre hasta qué punto tiene sentido someter al paciente a un importante esfuerzo terapéutico para mantener una pieza con un pronóstico muy limitado cuando existe una alternativa implantológica capaz de ofrecer excelentes resultados a largo plazo.

Por ello, no creo que debamos plantear la cuestión como una confrontación entre dientes e implantes. La verdadera excelencia consiste en saber identificar qué opción es la mejor para cada paciente en cada momento.

¿Cómo percibes la marcha de SECIB en este tiempo?

 SECIB es una de las sociedades científicas a las que tengo especial cariño. Mi director de máster, el Dr. José María Martínez, fue uno de sus fundadores y, durante toda mi etapa de formación, asistir a sus congresos era prácticamente una parada obligatoria para cualquier profesional interesado en la cirugía oral y la implantología.

De hecho, el primer gran congreso de odontología al que asistí fue un congreso de SECIB. Desde entonces he tenido la oportunidad de seguir su evolución durante muchos años y comprobar cómo ha sabido adaptarse a los cambios de nuestra profesión sin perder el foco en aquello que realmente importa.

Creo que una de las claves de su éxito ha sido mantenerse siempre muy conectada con los aspectos más actuales de la cirugía oral y la implantología, incorporando de forma continua nuevas técnicas, tecnologías y enfoques clínicos que están marcando la evolución de nuestra disciplina.

Además, en una época en la que cada vez resulta más complejo atraer a los profesionales a eventos presenciales por la enorme oferta formativa existente, SECIB ha conseguido seguir organizando congresos con programas científicos muy sólidos, ponentes de gran nivel y temáticas de enorme interés clínico.

SECIB ha conseguido seguir organizando congresos con programas científicos muy sólidos, ponentes de gran nivel y temáticas de enorme interés clínico.

Tu ponencia en el próximo Congreso SECIB Valencia es: Regeneración ósea digitalmente asistida: simplificación quirúrgica y optimización de resultados clínicos”.  ¿Simplificación y optimización como concurren en un mismo método?

Absolutamente. De hecho, esa es precisamente una de las ideas centrales que abordaremos durante el Congreso SECIB Valencia.

Durante muchos años, la regeneración ósea avanzada estuvo asociada a procedimientos técnicamente muy exigentes, reservados en gran medida a un grupo relativamente reducido de clínicos con una experiencia muy específica. Recuerdo asistir, todavía durante mi etapa de formación, a conferencias de referentes mundiales como Khoury o Istvan Urban, donde el mensaje implícito era que este tipo de tratamientos requerían un nivel de experiencia difícilmente alcanzable para la mayoría de los profesionales.

Sin embargo, creo que esa realidad ha cambiado de forma significativa. Por un lado, gracias a la enorme difusión del conocimiento y a la excelente formación que existe actualmente. Por otro, gracias a la incorporación de los flujos de trabajo digitales a nuestra práctica clínica.

La utilización de herramientas como la planificación tridimensional, las guías quirúrgicas o las mallas personalizadas CAD CAM ha permitido reducir considerablemente la complejidad técnica de muchos procedimientos regenerativos. Evidentemente, sigue siendo imprescindible comprender los principios biológicos y quirúrgicos que sustentan estos tratamientos, pero hoy resulta mucho más sencillo trasladarlos a la práctica clínica de forma segura y predecible.

Y precisamente ahí es donde simplificación y optimización convergen. La digitalización no solo facilita la ejecución de los tratamientos, sino que también nos obliga a planificarlos mejor. Nos ayuda a definir con mayor precisión nuestros objetivos terapéuticos y a reducir la diferencia entre lo que planificamos y lo que finalmente realizamos en la boca del paciente.

Como consecuencia, conseguimos procedimientos más reproducibles, menos dependientes del virtuosismo técnico individual y con una menor probabilidad de error. En definitiva, tratamientos más sencillos de ejecutar, pero al mismo tiempo más precisos, más predecibles y con mejores resultados clínicos para nuestros pacientes.

La digitalización no solo facilita la ejecución de los tratamientos, sino que también nos obliga a planificarlos mejor … … conseguimos procedimientos más reproducibles, menos dependientes del virtuosismo técnico individual y con una menor probabilidad de error

¿Estamos en un momento en que todo tiene que llevar el apellido “Digital”, ¿nos desplazará la máquina?

Creo que es poco probable, al menos a corto y medio plazo. Es cierto que vivimos un momento de enorme transformación tecnológica y que los avances digitales se suceden a una velocidad difícil de imaginar hace tan solo unos años. Sin embargo, todavía existe una distancia muy importante entre disponer de herramientas digitales avanzadas y sustituir completamente al profesional.

La cirugía no consiste únicamente en seguir una trayectoria planificada. Implica interpretar continuamente lo que sucede en el campo quirúrgico, adaptarse a situaciones imprevistas, valorar tejidos, gestionar complicaciones y tomar decisiones en tiempo real. Esa capacidad de comprender el contexto y actuar en consecuencia sigue siendo uno de los grandes desafíos de la robótica.

Dicho esto, también es verdad que resulta arriesgado hacer predicciones cuando observamos la velocidad a la que evolucionan la inteligencia artificial y las tecnologías digitales.

Si tuviera que hacer una apuesta, no creo que lleguemos a ver una sustitución completa del cirujano por parte de una máquina. Lo que sí veremos, y de hecho ya estamos viendo, son herramientas cada vez más sofisticadas que amplifican nuestras capacidades, reducen errores y nos ayudan a ofrecer tratamientos más precisos y predecibles. Más que reemplazar al profesional, creo que la tecnología está llamada a convertirnos en mejores clínicos.

¿Hasta qué punto van a ser predecibles los resultados con el uso de técnicas digitales frente a las convencionales?

Depende en gran medida del área de la odontología de la que estemos hablando, pero hay un aspecto que considero fundamental: los procedimientos convencionales siguen siendo la base sobre la que se construyen todos los flujos de trabajo digitales. La odontología digital no sustituye los principios biológicos, protésicos o quirúrgicos que ya conocíamos, sino que los desarrolla y los potencia.

No creo que debamos entender la odontología digital como una obligación. No todo procedimiento tiene que digitalizarse por definición. Allí donde los flujos digitales aportan una ventaja clara en precisión, eficiencia o predictibilidad, su adopción tiene todo el sentido.

Al final, el objetivo no es trabajar en digital por trabajar en digital, sino utilizar aquellas herramientas que nos permitan ofrecer el mejor tratamiento posible a nuestros pacientes.

Llegar a donde has llegado en tu práctica profesional requiere haber tenido buenos maestros. ¿De quién (s) te consideras discípulo?

Me resultaría muy difícil señalar a una única persona. Si algo ha caracterizado mi trayectoria profesional ha sido precisamente la oportunidad de aprender de muchos clínicos diferentes, cada uno de ellos aportándome conocimientos, enfoques y formas de entender la profesión que han influido en mi manera de trabajar.

Además, creo que pertenezco a una generación especialmente afortunada. Hace no tantos años, acceder a determinados conocimientos o poder formarse con algunos referentes internacionales suponía una dificultad enorme. Hoy, gracias a la cantidad de congresos, cursos y plataformas de formación disponibles, así como al extraordinario desarrollo del contenido online, tenemos acceso a una cantidad de información y experiencia que habría sido impensable para generaciones anteriores.

De hecho, considero que esta democratización del conocimiento es una de las grandes revoluciones que ha vivido nuestra profesión en las últimas décadas. Cada vez resulta más sencillo aprender directamente de los mejores especialistas del mundo, independientemente del lugar donde uno ejerza.

Pero si tuviera que quedarme con un único profesional como la persona que más ha influido en mi trayectoria, tendría que mencionar a mi padre, José Antonio García Ruiz, cirujano maxilofacial. Curiosamente, no tanto por los aspectos clínicos de la profesión como por todo aquello que hay alrededor de ella. De él he aprendido valores que considero fundamentales: la ética de trabajo, la constancia, la responsabilidad, el esfuerzo diario y, sobre todo, la forma de tratar a las personas.

Con el paso de los años he comprendido que el éxito profesional no depende únicamente de los conocimientos o de la habilidad técnica. La forma en la que uno se comporta con los pacientes, con los compañeros y con su entorno tiene una importancia enorme. En ese sentido, el ejemplo que he tenido en casa ha sido probablemente una de las influencias más determinantes de mi trayectoria profesional y personal.

El tiempo va más rápido de lo que quisiéramos y nos vemos pronto en noviembre, las fechas del Congreso SECIB Valencia. ¿Danos una razón para no dejar pasar esta oportunidad de formarse en cirugía?


Creo que una de las principales razones es que va a ser un congreso donde se van a abordar muchas de las temáticas que están marcando la evolución actual de la cirugía oral y la implantología. Además, todo ello en un entorno magnífico como es Valencia y rodeado de compañeros con los que compartir experiencias, aprender y debatir sobre los retos que nos encontramos cada día en la clínica.

Además de ponente serás un asistente más al resto de conferencias. ¿Qué opinión te merece el programa?

 Sin duda, el programa es el gran atractivo de este congreso. Creo que SECIB ha vuelto a hacer un esfuerzo importante por reunir a referentes de primer nivel y, sobre todo, por seleccionar temas de máxima actualidad y con una aplicación muy directa en nuestro día a día clínico.

Personalmente, tengo muchas ganas de asistir a varias de las ponencias. Me parece especialmente interesante la actualización sobre pacientes en tratamiento con fármacos antirresortivos de la mano de la doctora Leticia Bagán, un tema que cada vez encontramos con más frecuencia en la consulta y que tiene una enorme relevancia práctica. También tengo mucho interés en escuchar al doctor Ignacio Loyola hablando sobre las nuevas aplicaciones y la evolución de la técnica BOPT. Escuchar a alguien con su experiencia compartir hacia dónde se dirige una técnica que ya ha cambiado nuestra forma de entender muchas rehabilitaciones es siempre una oportunidad de aprendizaje.

Por supuesto, también será muy interesante conocer las actualizaciones en regeneración ósea que presentarán Fernando Cebrián, Francisco Carroquino y Javier Mayor Arenal, tres ponentes con una enorme experiencia en este campo. Tengo además mucha curiosidad por las conferencias sobre robótica aplicada a la implantología y por la charla de Ernest Lucas sobre autotrasplantes, una disciplina que está viviendo una auténtica revitalización en los últimos años. Y si hay una conferencia que me genera una expectación especial es la de Juan Alberto Fernández sobre elevación de seno. Solo con leer su subtítulo, “conceptos que nadie nos contó y que cambiarán nuestra práctica diaria”, ya resulta difícil no querer asistir. Conociendo la trayectoria y el nivel científico de Juan Alberto, estoy convencido de que será una de esas ponencias que no dejarán a nadie indiferente.

En definitiva, creo que es un programa muy equilibrado, con contenidos novedosos, ponentes de primer nivel y muchas herramientas que podremos incorporar a nuestra práctica clínica desde el día siguiente al congreso.

Una pregunta personal. ¿después de la profesión a qué dedicas tu tiempo?

Últimamente, la faceta profesional me ocupa más tiempo del que me gustaría. Entre la actividad clínica, la docencia, los congresos y los diferentes proyectos en los que estoy involucrado, no siempre es fácil encontrar el equilibrio. Aun así, intento reservar tiempo para lo verdaderamente importante y para las personas que más me aportan, especialmente mi familia y mis amigos.

Probablemente, fuera de la profesión, lo que más disfruto actualmente es pasar tiempo con mi mujer y con mi hija Paula. Ella tiene apenas dos años y está en una etapa maravillosa en la que cada día descubres algo nuevo. Poder compartir tiempo con ella y verla crecer es, sin duda, una de las mayores fuentes de felicidad que tengo en este momento de mi vida.

Una recomendación a quienes se inician en la profesión.

Mi principal recomendación sería que no tengan prisa. Vivimos en una época en la que parece que todo tiene que ocurrir muy rápido, pero la odontología es una profesión que requiere tiempo, experiencia y una formación continua que nunca termina.

Les animaría a aprovechar los primeros años para formarse todo lo posible, aprender de muchos profesionales diferentes y descubrir qué áreas de la odontología son las que realmente les apasionan. No todos tenemos que recorrer el mismo camino, y encontrar aquella parcela de la profesión que uno disfruta de verdad es probablemente una de las decisiones más importantes de la carrera profesional.

También les aconsejaría que sean muy exigentes a la hora de elegir su entorno de trabajo. Más allá de la tecnología, las instalaciones o el volumen de pacientes, es fundamental rodearse de personas y equipos donde la ética profesional, el respeto al paciente y la búsqueda de la excelencia clínica estén por encima de cualquier otro interés.

Creo sinceramente que esa combinación de formación, paciencia y buenos principios es la mejor receta para construir una carrera profesional sólida y satisfactoria. Cuando uno encuentra una parte de la odontología que le apasiona y tiene la suerte de desarrollarla en un entorno adecuado, la profesión deja de ser únicamente un trabajo y se convierte en algo que disfruta cada día, incluso después de muchos años de ejercicio.