La salud mental y la salud dental: mirar al futuro

F. Javier Cortés Martinicorena Estomatólogo. Doctor en Medicina y Cirugía

Solo cambia la primera letra del vocablo y tienen un contenido harto diferente, pero ambas han sido las dos grandes áreas tradicionalmente subestimadas por el Sistema Nacional de Salud.

La realidad es que una mucho más que la otra: la salud dental. Y digo subestimadas por lo que aplica a la salud mental, porque para la dental el calificativo es de olvidada.

El problema es de grandes dimensiones aquí y en todo el mundo. La pandemia que todavía vivimos ha desestabilizado muchas cosas más allá de la salud general y los sistemas sanitarios. Los informes de los expertos señalan que la salud mental lo está acusando. Las consultas por depresión y ansiedad han aumentado en el mundo en un 28% y 26% según The Lancet. En España, se han prescrito más del doble de psicofármacos que antes, principalmente antidepresivos
y ansiolíticos. Los siquiatras y sicólogos se quejan de falta de recursos y personal para atender a estas necesidades emergentes.

Estos profesionales representan en la red pública española entre la mitad y un tercio de la media de los países de la UE. Llueve sobre mojado porque, desde sus inicios, el sistema sanitario español no ha dedicado la atención necesaria a la salud metal de las personas. Ni en la planificación de los servicios para atender a las necesidades de la población, ni en la asignación de recursos materiales y humanos. Actualmente, el sector público solo puede atender a una parte de esta demanda lo que obliga a acudir a una terapeuta privado al que se lo puede permitir. Con todo, algunos
psiquiatras apuntan a que este crac psicológico producido por la pandemia también tiene su lado positivo porque “…no da tanta vergüenza salir del armario emocional” (Dr. Juan Antequera. El País, 14/11/2021; pag. 25). A veces ocultamos demasiadas cosas, y a los problemas se les empieza a poner remedio en cuanto de les pone nombre.

Que la salud dental -digamos mejor la salud oral que tiene un sentido más amplio- es la gran olvidada de nuestro sistema sanitario es una obviedad: vivimos es ese contexto. Nuestros pacientes nos pagan directamente por nuestros servicios porque ningún tratamiento dental, ya sea por enfermedad o por restitución de la función perdida, está cubierto por la sanidad pública. Parece como si las enfermedades que afectan a la boca no fueran enfermedades,
no fueran parte de la salud general de las personas, no fueran importantes. Un viejo aforismo dice que “La salud está en el plato y en la suela del zapato”; si esto es verdad, que lo es, lo que está en el plato, lo que conforma nuestra nutrición, entra a nuestro organismo por la boca. Sin la función de la boca, no hay nutrición; y sin nutrición, sin el aporte de la energía necesaria para el cuerpo, no hay función humana posible. Es decir, la salud oral no es que sea
importante, es que, como la de los demás órganos y sistemas de nuestro organismo, es imprescindible para el mantenimiento de la buena salud general. Y está en relación directa con otras enfermedades como cada día se demuestra fehacientemente.

Pero el estado no se da por aludido. Hasta la medición periódica del estado de salud oral la hemos asumido los dentistas por la financiación que aporta el Consejo General. Somos nosotros quienes realizamos y pagamos las encuestas epidemiológicas nacionales que miden el estado de salud de la población y sus necesidades de tratamiento. Y somos nosotros quienes informamos, para quien quiera saberlo, de los servicios que serían necesarios para atender a ésas necesidades que también son enormes. La enfermedad de caries dental termina afectando al 100% de las personas en algún momento de su vida; la enfermedad periodontal moderada o severa afecta al 25-36% de los adultos; el 34% presenta erosión dental; entre el 40% y el 57% de los mayores de 35 años necesitan algún tipo de
prótesis para reponer sus dientes perdidos; estos porcentajes se elevan al 54 y 61% entre las personas con bajo nivel de renta; el 11% presenta patología de la ATM, etc. según datos de la ENSO 2020.

Y a todas estas necesidades se han sumado las provocadas por la pandemia. Según la ACFF, un 43% de los odontólogos en Europa ha visto un aumento de caries entre sus pacientes. Sí, la pandemia ha cambiado muchas cosas, también nuestros hábitos durante el confi namiento y de ello la subida de caries.

“un 43% de los odontólogos en Europa
ha visto un aumento de caries entre sus
pacientes”

Hay en estos momentos una comisión ministerial e interautonómica para el estudio de nuevas prestaciones de salud oral en el sistema sanitario español. El campo de trabajo es inmenso porque está casi todo por hacer, y de las medidas que se tomen hoy se verán sus efectos en los años venideros. Una atención temprana a las enfermedades –sobre todo dental y periodontal- producirá una menor pérdida de dientes y unas menores necesidades de tratamientos más complejos y de recuperación de las funciones perdidas. Una vez reconocidas algunas prestaciones para las edades infantil y adolescente que se producen en el año 1995 con carácter general para toda España –a muchas CC.AA. les falta mucho recorrido todavía para que éstas se vean plenamente ejercidas en su territorio-, la prevención y el tratamiento de la caries y las enfermedades periodontales para toda la población, debería ser la siguiente prioridad. La recuperación de la función masticatoria mediante prótesis en los casos en que se haya perdido, sobre todo entre los más mayores y necesitados, debería ser evaluada y estudiada su viabilidad.

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