Antón-Radigales, premio a la Excelencia de Festética 2018

Uno de los grandes nombres de la odontología estética en España

Manuel Antón-Radigales.  Su clínica es desde hace mucho tiempo un centro de referencia para todo aquel que quiera perfeccionarse en el campo de las restauraciones estéticas. Allí han aprendido algunos de los mejores dentistas de España. Otros han tenido la oportunidad de hacerlo a través de los numerosos cursos que ha impartido por toda la geografía española. Manuel Antón-Radigales, outsider en los 70, hoy dentista de culto, es uno de los protagonistas indiscutibles de la odontología estética en nuestro país. Festética 2018 le ha concedido su premio a la Excelencia.

 

“No tiene nada que ver la demanda social actual con la de hace 30 años y tampoco tiene nada que ver lo que los profesionales pueden ofrecer. Hay una nueva realidad que necesita un enfoque nuevo”

“Hablar de estética era una frivolidad… Los dentistas eran curadores”. Así rememora Manuel Antón-Radigales sus comienzos en la odontología, en la década de los 70. Su apuesta por la estética, sin embargo, fue rotunda y, desde el principio, cuando ejercía como odontopediatra, la tuvo siempre muy presente.

Recuerda que empezó a trabajar como odontólogo infantil y las coronas de acero que se solían poner entonces a los niños que se fracturaban un diente: “Quedaba horroroso, a mí no me gustaba nada y empecé a hacerlas con composite”.

Su carrera profesional discurre de forma paralela a la historia de la odontología estética en España. Van de la nada al todo en menos de 40 años. De no existir ni siquiera una denominación establecida para esta área de la odontología a la actual omnipresencia de la palabra estética en cualquier clínica, en cualquier plan de tratamiento.

“Yo colaboraba con 3M y en 1982 me consultaron sobre los materiales que necesitaríamos para odontología estética. Les di algunas ideas y así empezó. Hasta entonces intentabas dejarlo todo lo más bonito posible, pero no existía el concepto de odontología estética como tal”.

A su juicio, esta evolución ha sido algo muy paulatino. “Cuando empecé no había nada y ahora que estoy terminando mi carrera parece que no haya otra cosa. De hecho, yo nunca me he dedicado exclusivamente a la estética, he hecho sobre todo conservadora, lo que pasa es que al final he acabado tratando a muchos pacientes de estética porque me venían”, reconoce.

De no ser por la asociación que hacemos en nuestro país con la perfumería, a Antón-Radigales le gustaría referirse a la odontología estética como odontología cosmética, “porque cosmética viene de cosmos, que para los griegos era una cosa muy seria”. “Finalmente parece que se ha impuesto en el uso el término estética dental, aunque en realidad odontología estética es un concepto más global, más completo”, asegura.

Como global es también su visión de la odontología estética. Defensor de los tratamientos mínimamente invasivos y autoridad indiscutible en composites, aboga por un enfoque nuevo y más amplio, que necesariamente tiene que ir más allá de la odontología restauradora.

“No tiene nada que ver la demanda social actual con la de hace 30 años y tampoco tiene nada que ver lo que los profesionales pueden ofrecer. Hay una nueva realidad que necesita un enfoque nuevo”, insiste, y añade que sería muy bueno que hubiera una formación reglada, porque repercutiría de forma positiva tanto en los pacientes como en los profesionales.

“Creo que es necesario admitir que la odontología estética es una especialidad y que el reconocimiento de los especialistas en odontología pasa por una formación reglada. Hoy son muchos los pacientes que solicitan tratamientos meramente estéticos y son los especialistas en odontología estética los profesionales que deben dar respuesta a esta demanda”.

Ya próximo al final de su andadura profesional, aquel visionario que arriesgó y apostó contra todo pronóstico por la estética afirma con toda convicción que la odontología estética no es ningún capricho: “La estética es función y la belleza es salud”. ●

festetica

 

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