Amor en cada punto de sutura

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ALEJANDRA LLORENTE ODONTÓLOGA, EJERCE EN REINO UNIDO

Ternura es lo que corre por sus manos, destreza, precisión y paciencia, amor en cada punto de sutura, así ha sido su vida. Pasaron los años, y durante ese tiempo cuidó de tantas personas que ya su memoria no le alcanzaba para recordar ni si quiera quien era él.

El Alzheimer se había apoderado de su mente, pero cuando nos mirábamos a los ojos el se veía en mí y yo en él. Él es como todos los dentistas un cuidador nato, incluso cuando los temblores de la vejez se han hecho dueños de sus manos.

Hace muchos años ya que se jubiló pero cuando entra en el gabinete le ves esa fuerza e ilusión, como si volviera a la clínica después de haber pasado unas largas vacaciones, deseando coger la turbina para continuar con su siguiente obra maestra.

“Ian es, como todos los dentistas, un cuidador nato, incluso cuando los temblores de la vejez se han hecho dueños de sus manos”

Cuando le pido que se siente en el sillón dental me dice que de ninguna manera que la que se tiene que sentar en el sillón soy yo y que él es el dentista, y le pide enérgicamente a mi enfermera que le pase los guantes.

Aunque he tratado muchas veces de convencerle de que la dentista soy yo, al final como en el ajedrez hacemos tablas y yo acepto que soy una estudiante de Odontología y él es el profesor. Entonces satisfecho me deja examinarle, me da consejos, me explica sus propias radiografías, y al final después de darme 5 estrellas muy contento se va.

Con el tiempo desarrollamos una amistad, aunque para él cada vez que nos vemos es la primera vez. Soy siempre una cara nueva, y sin embargo yo cada vez sé más de su vida.

Este dentista Escocés ha tenido una vida intensa, lucho en la Segunda Guerra Mundial, y fue capturado por los alemanes nazis, cuando volaron su tanque en Gildehaus. Fue prisionero de guerra hasta que los aliados lo liberaron. Cuando terminó la guerra volvió a un Londres muy distinto del que conozco yo ahora para estudiar Medicina y posteriormente especializarse en Odontología.

Después de la Segunda Guerra Mundial hubo grandes avances en medicina debido al gran número de personas que regresaron heridas de la guerra pero también muchos soldados supervivientes encontraron una forma de apaciguar su mente en la medicina para dar sentido a su vida.

Ian tenía muchas cosas que olvidar, por lo que dedicó toda su energía en hacer cosas buenas por sus pacientes, como si fuera una manera de perdonarse a sí mismo por todo lo que vivió durante la guerra, por todas las cosas que ya no se podían cambiar, por que el pasado una vez se ha escrito se queda grabado en la tierra y en la memoria. Desgraciadamente esas cicatrices el tiempo no las cura.

Una vez leí que una de las mejores maneras de alcanzar la felicidad es hacer feliz a los demás y supongo que es lo que mueve la vocación de los profesionales sanitarios.

Ian pasó la mitad de su vida profesional en Londres hasta que su mujer falleció. Pese a que se había labrado una buena reputación su corazón le pedía volver a Escocia a reencontrarse con los acantilados, el viento, el mar, la chimenea de casa de sus padres, un libro y una copa de whisky.

Ian y su mujer nunca tuvieron hijos, por lo que sus pacientes eran todo para él. Cuando se jubiló su mente se fue apagando poco a poco hasta el punto en el que recordaba mejor el pasado que el presente y su hermano tuvo que hacerse cargo de él y llevárselo a Leeds. En Leeds llevaba una vida tranquila, aunque a veces le daba por decir que los alemanes iban a bombardear otra vez y que necesitaba que le arreglaran el tanque lo antes posible. Otras veces mientras comía exigía que le pasaran los fórceps inmediatamente, supongo que al tocar el metal de los cubiertos le transportaba a sus horas de cirugía.

Tengo que reconocer que es al paciente que mejor trato, porque es inevitable no sentir ternura por él. Ian me recuerda que no dejamos nunca de ser dentistas ni siquiera cuando ya no somos nosotros mismos, que la profesión forja un carácter que es imborrable, ni siquiera cuando ya no sabes cómo atarte los zapatos tu solo, ni donde vives, ni que comiste ayer.

Pese a todo cuando viene a verme a la consulta él quiere seguir cuidando de mi, pero esta vez querido amigo la vida dice que lo haga yo por ti.

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