Jefe de Servicio de Radiodiagnóstico
del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza
Profesor titular de la Universidad de Zaragoza

El Doctor Luis Humberto Ros Mendoza, tercera generación de una familia de radiólogos, es jefe de Servicio de Radiodiagnóstico del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza y profesor titular de universidad.
Premio extraordinario de la licenciatura, realizó el MIR en el Hospital Miguel Servet. Médico adjunto de Radiología en el Hospital Valle de Hebrón (Barcelona) durante cuatro años, completó su formación como “Research Fellow of Radiology” de la Universidad de Florida y en la Case Western Reserve University de Clevelad (Ohio, USA).
Ha ocupado diversos cargos en instituciones científicas nacionales e internacionales, destacando el de presidente de la Comisión Científica de la Sociedad Española de Radiología y de la Comisión Nacional de Radiodiagnóstico, órgano, este último, asesor del Ministerio de Sanidad y Educación en temas de formación.
Es autor más de ciento veinte artículos, ocho libros y más de cuarenta capítulos de libro.
El pasado 18 de octubre, en Zaragoza, invitado por la Pierre Fauchard Academy (PFA-E), pronunció una conferencia magistral sobre apuntes de su último libro, sin consultar tan siquiera un guion ni mirar el reloj, terminó en el tiempo ajustado con precisión más que suiza, milimétrica, podría decirse figuradamente que ni él ni el público pestañearon, esas pocas ocasiones en las que los dictantes que no usan apuntes dejan al público con ganas de más.
Su último libro publicado y presentado días después en el Colegio de Médicos de Zaragoza, tiene por título: “200 personajes ilustres de la radiología”. El libro está basado en una serie de cortas biografías de radiólogos ilustres ya fallecidos, que mes a mes desde el año 2009 se han ido publicando en el boletín del Colegio Interamericano de Radiología (CIR) a iniciativa de su editor fundador Miguel Stoopen.
¿Cómo nació su vocación por la medicina?
Casi podría decir que estaba genéticamente determinada. Mi abuelo paterno D. Pedro, el iniciador de la saga, fue un prestigioso galeno, pionero en el ámbito de la electrorradiología. Sus tres hijos varones fueron todos médicos, entre ellos mi padre, D. Luis, que ejerció esa misma especialidad.
Mi madre, también médico, especialista en obstetricia y ginecología, cursó ulteriormente la especialidad de radiología, para poder así ayudar a su marido.
En mi casa se vivía intensamente la medicina, era un tema común de conversación. Desde pequeño aprendí a valorar el concepto de la medicina como especial filosofía de vida, de compromiso y ayuda a la persona necesitada. Ya con pantalón corto acompañaba a mi padre en sus visitas domiciliarias y unos años después al hospital para pasar con él la consulta de electrorradiología. Al tener que decidirme sobre mi profesión nunca hubo ninguna duda. Ulteriormente todo el ambiente familiar contribuyó a que eligiera la misma especialidad de mi abuelo, y de mis padres.
¿Cómo ve usted el perfil del médico de hoy en día? ¿Hay muchas diferencias entre los profesionales de cuando termino usted su especialidad?
Pienso que los valores intrínsecos de la profesión son los mismos que antaño: dedicación, compromiso, altruismo, vocación e idealismo puestos al servicio de aquel que lo requiere. Tal vez en relación con el ritmo de vida actual y la superespecialización de la medicina se tiene menos tiempo para dedicar al paciente, para hablar con él.
Se ha acuñado el término empatía como sinónimo de trato adecuado al paciente, poniéndonos en su lugar y comprendiendo así mejor su situación, concepto este que antes derivaba de una adecuada relación médico-paciente que era el vínculo fundamental que guiaba el quehacer médico.
Hoy en día con la cultura del ordenador, las limitaciones del tiempo de consulta, las opciones de la telemedicina o las consultas telefónicas esa relación médico -paciente, fundamental en nuestro ejercicio, está cambiando, pero es el tributo, la servidumbre que hay que pagar a las circunstancias de la vida moderna.
“Es importante que consideremos nuestra profesión como una de las más sociales que existen: ayudar al hombre enfermo …”
Es importante que consideremos nuestra profesión como una de las más sociales que existen: ayudar al hombre enfermo y, que, aunque no pueda considerarse como un sacerdocio, tampoco podemos convertirnos en meros funcionarios o técnicos especializados de ocho de la mañana a tres de la tarde.
¿En su opinión, se puede ser un buen profesional de la salud sin conocer la historia de la profesión?
Por lo general los profesionales de la salud suelen ser gente culta, además de los conocimientos médicos atesoran otros conocimientos de diversa índole, fundamentalmente humanistas.
“José de Letamendi, … … , afirmaba que “el médico que solo medicina sabe, ni aun medicina sabe”, …”
José de Letamendi, un gran catedrático de medicina, poeta, compositor y político, afirmaba que “el médico que solo medicina sabe, ni aun medicina sabe”, haciendo referencia a ese concepto de persona global, con implicaciones en otras ramas de la ciencia y la cultura, que suelen caracterizar a los médicos.
De ahí que la mayor parte de los galenos tengan conocimientos de lo que ha sido la historia de su profesión, es importante saber de dónde venimos, cómo hemos evolucionado, para así poder prever hacia dónde vamos o a dónde queremos a llegar.
No son imprescindibles, pero son aconsejables para ejercer nuestra profesión con mejor conocimiento de causa.
Los odontólogos tenemos a la radiología como imprescindible herramienta para el diagnóstico. ¿Nos puede resumir cómo ha evolucionado la radiología hasta llegar hasta las imágenes tridimensionales?
Como bien dice hoy en día no se lleva a cabo ningún gesto o acción terapéutica, en ninguna especialidad, si no hay una prueba de imagen que establece un diagnóstico de certeza. La odontología no es una excepción.

A partir de la inspección, de la visión directa de la pieza dental afecta, el siguiente paso es descifrar una serie de incógnitas, hacer “visible lo invisible”, cosa que se logra mediante los rayos X, inicialmente con las radiografías intraorales, ulteriormente con la ortopantomografía, técnica descrita por un odontólogo e investigador finlandés, Paatero, basada en un movimiento opuesto, alrededor del paciente, del haz de rayos X y el chasis que contiene la película radiográfica, logrando así una reconstrucción panorámica de sendas estructuras curvas como son los maxilares.
La tomodensitometría supuso otro gran avance, sobre todo en el campo de la implantología, para valorar el espesor del remanente óseo en las zonas edéntulas, pudiendo valorar esa zona problema en tres planos del espacio, realizando incluso reconstrucciones volumétricas, lo que proporciona una sensación espacial más precisa.
La última modalidad de imagen que se ha incorporado al campo de la odontología es la resonancia magnética, que no utiliza radiación ionizante, utiliza, como su nombre indica, la magnetización de los protones, de los núcleos de hidrógeno del organismo. Esta técnica resulta muy útil en el estudio de la articulación témporomandibular, articulación de pequeño tamaño pero con una gran capacidad funcional, una diartrosis bicondílea, con no menos de seis tipos de movimientos: apertura, cierre, protrusión, retrusión y lateralización izquierda/derecha, cuya compleja anatomía, fundamentalmente el disco intraarticular y sus elementos de sujeción, puede ponerse de manifiesto, por lo que la resonancia magnética resulta especialmente útil en la valoración de la patología, generalmente la disfunción témporomandibular en relación con la subluxación meniscal anterior que no se reduce en el movimiento de apertura de la boca.
Inicia su libro mencionando a los “padres de la medicina,” antes que a los radiólogos. ¿Todos no caben aquí, porque sería reproducir el libro, pero nos puede seleccionar a uno de ellos?
Los “padres de la medicina” se consideran como los precursores universales, los gigantes sobre cuyos hombros se erigió la medicina moderna: Galeno, Avicena, Paracelso, Claude Bernard, Pasteur, Fleming…. De todos ellos el más significativo podría ser Hipócrates, al que se ha llamado el padre de la medicina. Fundó la medicina racional, promoviendo la observación clínica y una ética profesional, explícita en su famoso Juramento, independiente del culto religioso y de las prácticas supersticiosas anteriores. Se le considera el fundador de la medicina experimental.
Como aragonés me gustaría destacar la figura de Don Santiago Ramón y Cajal, nuestro Premio Nobel, creador de la teoría neuronal, paradigma de lo que debe ser un investigador comprometido, artífice de la escuela española de histología. Es una de las personalidades médicas más representativas de los tiempos modernos. Junto con Miguel Servet, Francisco de Goya y Baltasar Gracián, es una de las grandes figuras de la ciencia y la cultura de Aragón
En su libro se descubre el injusto trato otorgado en la historia de la ciencia a las mujeres. ¿Nos puede relatar los casos más flagrantes de solapamiento del esfuerzo femenino en la historia de la radiología?
El más llamativo posiblemente sea el de Rosalind Franklin, científica británica (1920-1958), físico-química, que mediante cristalografía de rayos X confirmó la estructura de doble hélice del ADN. Trabajando junto con su ayudante Gosling utilizó un nuevo tubo de rayos X de foco fino y una microcámara que ella misma ajustó y focalizó, obteniendo imágenes de gran calidad del ADN, incluyendo la famosa “Photo 51”, que condujo a la consideración de la estructura de doble hélice del ADN.
Esta imagen fue mostrada a James Watson y Francis Crick que habían empezado a construir un modelo molecular del ADN, estos investigadores publicaron su modelo en la revista Nature en 1953, describiendo la estructura de doble hélice del ADN, con una mínima referencia a los trabajos pioneros de Rosalind Franklin. Fueron galardonados con el Premio Nobel de Medicina en 1962. Años más tarde Watson sugirió que se le concediese a Franklin el Premio Nobel de Química, lo que no fue posible porque los estatutos prohíben concederlo a título póstumo.
Rosalind falleció en 1958, como consecuencia de un cáncer de ovario. Aaron Klug, uno de los miembros de su equipo que continuó con sus investigaciones, fue galardonado con el Premio Nobel de Química en 1982.
Dado que sus descubrimientos sobre el ADN no fueron reconocidos a lo largo de su vida se la conoce como la “heroína olvidada” o “la dama oscura del ADN”.
Cabe también mencionar el caso de Lucy Frank Squire, prestigiosa radióloga americana (1915-1996), que fue la primera mujer aceptada como residente en el programa de radiología del Massachusetts General Hospital (MGH) de la Universidad de Harvard, en 1941.
Dudando de especializarse entre anatomía patológica o radiología hizo su primer año de residencia, dado que el programa ofrecía seis meses de cada especialidad. La decisión del director del departamento de anatomía patológica, que no quería una mujer como residente, la encaminó al campo de la radiología, siendo la primera mujer residente de esta disciplina del MGH. Distinguida profesional, en 1987 se le concedió el primer Marie Curie Award de la American Association of Womens Radiologists. Vemos pues, como una universidad del prestigio de Harvard, hubo de esperar hasta 1941 para que una mujer pudiera especializarse en radiología.
¿Algunas mujeres lograron superar ese listón artificial que impone los prejuicios por sexo o incluso raciales, nos puede mencionar algún caso?

Ros. La historia de Ivy O. Brooks, radióloga americana (1916-1986) es una gran historia de tenacidad y superación. Fue la primera mujer de color en llegar a ser directora de un departamento de radiología en el Veteran Administration Medical Center de Tuskegee, Alabama.
Primera mujer de color que completó un programa de residencia en esta especialidad, en 1966 fue nombrada directora de radiología de Tuskegee, posición que mantuvo hasta 1986. Junto con su marido, trabajador social en esa misma institución, educó a tres hijos que la recuerdan como una madre normal, horneando pasteles de chocolate, siendo líder de los Boy Scout y participando activamente en la iglesia local.
Se la considera como la primera líder de color en el campo de la radiología. Pionera en su vida profesional tuvo que enfrentarse, superándolos, al racismo y al sexismo de su época. Constituye un modelo para las futuras generaciones de jóvenes profesionales que aspiran a desarrollar su carrera en el campo de la medicina.
Cabe destacar también ya en los años 70 del pasado siglo XX la lucha de Bárbara Schepps Wong, otra radióloga americana (1942-2024) que también sufrió discriminación de género en su profesión, a la que se enfrentó valerosamente.
Al acabar su residencia, en 1968, empezó a trabajar en el Departamento de Radiología de la Ohio State University, donde tuvo su primer contacto con la discriminación de honorarios en relación con el género. Elevó su situación a los tribunales, logrando paridad en los honorarios de las pocas doctoras del Departamento. Cuando se trasladó a Rhode Island fue rechazada por un jefe que comentó “que nuca emplearía a una mujer radióloga”. Afortunadamente fue fichada por un grupo privado de radiología en el que desarrolló con éxito su carrera profesional y académica, llegando a ser presidenta de la Rhode Island Medical Staff Association y Clinical Professor of Diagnostic Imaging en la Brown University.

Por último, mencionamos a Beryl Benacerraf, prestigiosa ecografista formada en la Universidad de Harvard, pionera mundial en la utilización prenatal de los ultrasonidos que revolucionó el diagnóstico de las anomalías fetales, describiendo el llamado “pliegue nucal”, engrosamiento de un pliegue cutáneo en la parte posterior del cuello fetal, que estaba asociado con el síndrome de Down y otras anomalías cromosómicas.
Sus primeros artículos en 1985 considerando el potencial de los ultrasonidos como un método no invasivo de screening fetal (en aquellos momentos realizado únicamente en mujeres mayores de 35 años mediante amniocentesis) aplicable a pacientes de cualquier edad no fueron bien recibidos. En palabras de la Dra. Benacerraf: “Casi fui abucheada en el estrado en el curso de varios congresos nacionales, surgiendo artículos que desacreditaban mi trabajo y mi persona. Estaba hundida, pero dispuesta a continuar, tenía razón”.
Su determinación alcanzó justo reconocimiento: los ultrasonidos, así como la determinación del pliegue nucal, constituyen una rutina dentro de los cuidados prenatales. Se la considera como una pionera en la utilización de los ultrasonidos al servicio de la salud reproductiva de la mujer, contribuyendo a la seguridad y tranquilidad de las madres expectantes.
¿Aparecen en su libro nombres que forman parte de los epónimos de la medicina, nos puede mencionar alguno?
Dentro de este concepto de epónimos: términos construidos sobre nombres propios, debemos de tener en cuenta la utilización del vocablo galeno, por alusión al famoso médico griego de la antigüedad Galeno (129-201), utilizado universalmente, en sentido figurado, para designar al profesional de la medicina, habiendo hecho fortuna también los términos galénico o galenista, para designar lo relativo al sistema o doctrina de Galeno y a los partidarios de la misma.
El refranero popular también considera el saber médico de Avicena (980-1037), que queda plasmado en el dicho: “Más mató una cena que curó Avicena”, con el que se pretende reflejar lo nocivo de comer en exceso al final del día, comparando los negativos efectos de este hecho con el buen hacer del médico y filósofo persa.
En el ámbito de la radiología el primero a considerar es el de rayos Roentgen, que hace alusión a las radiaciones descubiertas por este físico alemán en 1895, también nominados como rayos X debido a su naturaleza desconocida. Descubrimiento que le valió el Premio Nobel de Física en 1901.
En el campo de la terapéutica física se utiliza el término ”arsonvalización”, aplicado al uso de las corrientes de alta frecuencia en el tratamiento de diversas patologías, en el que fue pionero el médico y físico francés Jacques Arsène D,Arsonval (1851-1940) fundador de la electroterapia y de las aplicaciones biológicas de la electricidad, como la diatermia (calentamiento a través de un medio).
La osteopetrosis o enfermedad de los huesos marmóreos, caracterizada por un aumento de la masa esquelética dependiente de una alteración en la reabsorción y remodelación del hueso, que se traduce por huesos densos pero frágiles, se conoce como enfermedad de Albers-Schonberg, ginecólogo y radiólogo alemán (1865-1921) que fue quien describió sus hallazgos radiológicos, del mismo modo que la enfermedad de Hans-Schuller-Christian, constituida por la tríada de exoftalmía, diabetes insípida y lesiones líticas craneales se designa así en reconocimiento a los galenos que describieron los primeros casos, entre ellos Artur Schuller, médico e investigador austriaco (1874-1957), al que se considera uno de los pioneros de la radiología otolaringológica y creador del término neurorradiología.
Se habla del signo de Leo Rigler, descrito en 1941 por dicho radiólogo americano (1896-1979), en relación con la presencia de gas a ambos lados de la pared de las asas intestinales, visible en las imágenes radiográficas obtenidas en decúbito supino, que se considera un signo inequívoco de la presencia de neumoperitoneo, aire libre intraabdominal.
La técnica de Seldinger hace referencia a la descrita en 1952 por este radiólogo sueco (1921-1998) como método de abordaje percutáneo para arteriografía; con tres elementos básicos: aguja, guía y catéter, mediante una simple punción se logra el acceso a cualquier zona del organismo a través del sistema cardiovascular. Basado en esta técnica, Charles Dotter, radiólogo americano (1920-1985), describe en 1964 el procedimiento, que lleva su nombre, de angioplastia percutánea transluminal, técnica que permite dilatar estenosis arteriales con el uso de catéteres progresivamente de mayor calibre, sin necesidad de cirugía abierta.
Otro hito en el campo de la radiología fue el descubrimiento de la tomografía axial computarizada por Godfrey Hounsfield, ingeniero electrónico inglés (1919-2004), que le valió el Premio Nobel de Medicina en 1979. Para definir cuantitativamente en los estudios tomodensitométricos la densidad de las distintas estructuras del organismo se utilizan las unidades Hounsfield, con valores específicos para el hueso, los parénquimas viscerales, el aire, la grasa o el agua, permitiendo así la diferenciación entre todas ellas.
Finalmente, la clasificación de Bosniak de los quistes renales, creada por este maestro de la radiología nefrourológica (1929-2016), mundialmente aceptada y utilizada, que permite definir mediante los hallazgos de imagen el potencial maligno de las masas quística renales, es otro buen ejemplo de epónimo en el campo médico.
Desde su punto de vista, de una mente científica y docente, a la vez que médica, ¿qué mensaje lanzaría a nuestros lectores, especialmente a los más jóvenes, profesionales odontólogos?
“… el principio, de que lo que debe guiar nuestra actuación es el paciente.”
Resaltaría la importancia de una adecuada formación de base, con el compromiso de mantener una actualización permanente, adaptada a las nuevas tecnologías, no solo congresos y cursos, sino también, en los momentos actuales, mediante redes sociales, inteligencia artificial…, pero manteniendo siempre el principio, de que lo que debe guiar nuestra actuación es el paciente.
Vocación, adecuada formación y compromiso en todo momento con los intereses del paciente.
En los tiempos actuales está también muy en boga el concepto de humanización, empatía en el trato, que es un complemento indispensable a lo anteriormente indicado, no debemos descuidar el aspecto de las relaciones humanas, cuerpo y espíritu.
En nuestro marco de trabajo hospitalario, algo diferente de la odontología, siempre les recuerdo a nuestros residentes que no se conviertan en funcionarios, el ser médico implica una filosofía de vida que debe traducirse en todos los momentos del día y en todas nuestras actuaciones profesionales y extraprofesionales.







