
Presidente de la Pierre Fauchard Academy, sección española
El pasado 9 de febrero, con motivo de la festividad de Santa Apolonia, celebramos nuestra tradicional conmemoración patronal. Más allá del encuentro fraternal y del legítimo sentimiento de pertenencia, esta efeméride constituye una oportunidad anual para la reflexión crítica: detenernos para analizar nuestra práctica profesional con honestidad, y preguntarnos con rigor hacia qué modelo de Odontología deseamos avanzar.
En torno a esta fecha se sucedieron diversos reconocimientos a la excelencia académica y profesional. El 14 de noviembre, tuvo lugar el acto de toma de posesión, como académica de número en la Academia de Ciencias Odontológicas de España, de la catedrática Dra. Carmen Llena Puy, y el 16 de diciembre se celebró la toma de posesión de la plaza de catedrático en la Universidad Internacional de Cataluña, del Dr. Luis Giner Tarrida. Asimismo, el 21 de febrero, el Colegio de Dentistas de Sevilla concedió la Medalla de Oro al catedrático Dr. José Luis Gutiérrez Pérez. Todos ellos son miembros destacados de la sección española de la Pierre Fauchard Academy y constituyen, además, referentes profesionales y personales.
Estos reconocimientos no solo distinguen trayectorias individuales de notable relevancia científica y docente, sino que también representan una determinada concepción de la Odontología: sólida en la fundamentación científica, comprometida con la formación y la transferencia del conocimiento, y sustentada en los principios éticos y humanos que deben orientar el ejercicio profesional.
Todos estos acontecimientos dibujan un marco perfecto para reflexionar sobre cuatro pilares esenciales: la formación ética de los estudiantes, la formación continuada de los profesionales, la proliferación de nuevas Facultades y nuestro compromiso social, especialmente a través de proyectos solidarios.
Formación ética: el cimiento invisible de la excelencia
En un contexto donde la tecnología avanza a una velocidad vertiginosa (digitalización, inteligencia artificial, nuevos biomateriales) corremos el riesgo de medir la calidad formativa exclusivamente en términos técnicos. Sin embargo, ninguna innovación sustituye al juicio moral.
La universidad no debe limitarse a transmitir competencias clínicas. Debe formar criterio. La ética profesional no puede relegarse a una asignatura periférica ni a un contenido teórico descontextualizado. Ha de impregnar la práctica clínica universitaria, la toma de decisiones, la relación con los pacientes y la comprensión del impacto social de nuestros actos.
El estudiante de Odontología debe comprender que no trata dientes, sino pacientes y que cada plan de tratamiento implica una dimensión biológica, psicológica, económica y social. Formar buenos clínicos sin formar buenas conciencias es un error que la profesión no puede permitirse.
Formación continuada: una obligación moral
Si la ética es el cimiento, la formación continuada es la estructura que sostiene toda una carrera profesional. En una disciplina en constante evolución, el título de grado no es meta, sino punto de partida.
“el título de grado no es meta, sino punto de partida”
La actualización científica no puede depender exclusivamente de la iniciativa individual o del interés comercial de terceros. Las Universidades, los Colegios Profesionales, las Sociedades Científicas y las Academias, como la propia Pierre Fauchard Academy, deben liderar programas de formación independientes, rigurosos y evaluables.
La excelencia no se improvisa; se construye a lo largo de décadas. Y la confianza social que depositan nuestros pacientes se sostiene en nuestra competencia técnica actualizada. La formación continuada es, por tanto, una exigencia ética hacia los pacientes y hacia la profesión.
Nuevas Facultades de Odontología: crecimiento sí, pero con responsabilidad
La creación de nuevas Facultades de Odontología en nuestro país plantea una cuestión delicada. La ampliación de la oferta formativa puede interpretarse como una oportunidad de democratización del acceso a los estudios, pero también exige una reflexión profunda.
Formar dentistas no es abrir aulas. Es garantizar calidad docente, infraestructuras clínicas adecuadas, profesorado acreditado, una correcta ratio alumnado-paciente y un marco ético sólido.
No se trata de frenar el crecimiento, sino de ordenarlo. La planificación debe responder a criterios de necesidad social y sostenibilidad profesional, no únicamente a dinámicas de mercado.
Compromiso social: aprender sirviendo
La Odontología no puede vivir de espaldas a las desigualdades en salud. En este sentido, la colaboración con ONGs constituye una escuela incomparable de humanidad.
El Proyecto de la Fundación Clarós con la Universidad Internacional de Cataluña, en São Vicente (Cabo Verde), es un ejemplo paradigmático. Allí, la asistencia odontológica básica se convierte en un acto de justicia sanitaria. Pero, además, es un espacio de trabajo humanitario para estudiantes de postgrado y profesionales, donde aprender a trabajar con recursos limitados, priorizar necesidades y escuchar otras realidades culturales.
Estas experiencias transforman la mirada del clínico. Nos recuerdan que la salud bucodental sigue siendo un privilegio en muchos lugares del mundo y que nuestra profesión tiene una dimensión social ineludible.
Incorporar rotaciones solidarias estructuradas en la formación universitaria, bien planificadas y supervisadas, podría ser una herramienta pedagógica extraordinaria para integrar ética, competencia clínica y sensibilidad social.
Conclusión: tradición, mérito y futuro
Celebrar Santa Apolonia es honrar nuestras raíces, reconocer a los maestros es reafirmar nuestros modelos, apostar por una formación ética sólida, por la actualización constante y por un compromiso social real es asegurar el futuro.
La Odontología española dispone de talento, prestigio y vocación. Ahora nos corresponde consolidar un modelo profesional que combine excelencia científica, responsabilidad académica y servicio a la sociedad.
Porque, en última instancia, la grandeza de una profesión no se mide solo por su tecnología, sino por su conciencia.







