Pirómanos y bomberos

fernando Gutierrez de guzman
Fernando Gutiérrez De Guzmán -Editor-

Hace pocos días, uno de esos grandilocuentes comunicados del Consejo General de Dentistas informaba que había conseguido que se reconozca la venopunción como competencia propia de los odontólogos. Todo ello, claro, tras las innumerables gestiones de su loado presidente, Oscar Castro Reino.

Lo de innumerables no se sabe si porque sólo fue una o porque no ha parado de dar la lata hasta que le han contestado.

La pregunta que surge es la misma que cuando el Consejo General empezó a cuestionar la competencia de los odontólogos para realizar esta técnica clínica. ¿Quién, cuándo y cómo dijo que no se podía, aparte del Consejo General, realizar esta labor por los odontólogos?

El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad no ha otorgado a los odontólogos ninguna competencia; simplemente ha dicho que lo que el propio Consejo General vino cuestionando no tenía ninguna razón de ser.

“Lo que los servicios jurídicos  del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, y los del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, desde un punto vista jurídico entienden es que no es necesaria ninguna modificación normativa habilitante al uso de la técnica de venopunción por parte de los profesionales sanitarios en Odontología, sino que dicha actuación se entiende comprendida en la formula genérica de atribución de la habilitación sanitaria que les confiere su titulación”.

La competencia del odontólogo para practicar la venopunción está recogida desde el año 1986 en la ley, es decir desde hace 32 años en la propia norma que define sus competencias: “Los odontólogos tienen capacidad profesional para realizar el conjunto de actividades de prevención, diagnóstico y de tratamiento relativas a las anomalías y enfermedades de los dientes, de la boca, de los maxilares y de los tejidos anejos”.

Cierto es que limita el campo de actuación a las enfermedades de la boca, los maxilares y los tejidos anejos, pero la venopunción que realiza el odontólogo es para el tratamiento de su competencia y, por tanto, entra en el conjunto de las actividades para las que está habilitado.

Que mañana viene alguien que dice que no y consigue que le den la razón, pues tendremos que pleitear para que nos la devuelvan, pero no seamos nosotros los que nos quitemos las competencias.

“No seamos nosotros los que nos quitemos las competencias”

En vez de ponerse medallas, el presidente Óscar Castro debería disculparse ante los odontólogos, a los que la actitud del Consejo General ha sumido en una situación de incertidumbre durante este tiempo, y reconocer que fue el Consejo quien se equivocó y no los que defendieron la competencia, pero sobre todo se equivoco en nuestra opinión no por plantear la cuestión que puede estar justificada, sino por el ruido mediático que provoco y vuelve a provocar.

Desde el primer momento la Conferencia de Decanos estuvo presente ante los Ministerios, como es habitual y procedente por razón de sus funciones,  sin ruido y apoyando soluciones. El trabajo efectivo e intenso de la Conferencia de Decanos en este y otros muchos asuntos  en nuestra opinión merece el agradecimiento de la profesión.

Al que incendia un bosque para después intentar apagarlo no se le premia.

Todas estas cosas a uno le dan que pensar. Y es que tanto ruido para decir que nos han dado lo que siempre tuvimos; y de las cuentas del Consejo, silencio absoluto. Porque no informan de que las cuentas del Consejo están ante la Justicia, de los pleitos que tienen con sus empleados, de las desorbitadas indemnizaciones que se pagan tanto desde el Consejo como desde la Fundación, de que de repente un día se levantan y, sin saber cómo, falta una importante cantidad de dinero en la caja. De cuántos asistentes se pagaron su inscripción al Congreso de la FDI y a cuántos se lo pagó la Organización Colegial, incluidos viajes y estancias. En definitiva, digan qué hacen con el dinero de los colegiados aparte de darse incienso todos los días.